Cook

Posted in Cook, Food, on 31 octubre 2018, by , 0 Comments

. Copa de agua

Copa de gran tamaño, ligeramente abombada. Utilizada para tomar agua y zumos.

Solo se debe llenar, como mucho, hasta 4/5 de su capacidad.

Su tamaño varía en función de cada cristalería. En algunas cristalerías esta copa es sustituida por un vaso, el vaso de agua.

Copa Agua - Copa Vino.

2. Copa de vino tinto

Copa ancha, de gran cavidad abombada. En las cristalerías más antiguas eran algo más pequeñas que las de agua, aunque ahora se empieza a imponer una gran copa.

Solo se llena hasta 2/5 a 3/5 de su capacidad. Todo depende del tamaño de la copa.

3. Copa de vino blanco

Es una copa algo más pequeña y estrecha que la copa de vino tinto (por su necesidad de tomarse frío).

Al igual que el vino tinto, solo debe llenarse como mucho a 2/5 de su capacidad.

Aunque en las cristalerías antiguas podían ser de color -por regla general, eran de color verde- no es una buena opción ‘tapar’ el color de un buen vino blanco.

Copa Vino Blanco - Copa Jerez.

4. Copa de Jerez

Ligeramente aflautada, de un tamaño medio y de pie corto. Utilizada para tomar los vinos dulces y de Jerez. Se utiliza también para tomar cualquier otro tipo de vino considerado de aperitivo como un Fino, un Oporto, etcétera.

No debe llenarse más de 2/3 de la capacidad de la misma.

5. Copa de champán

Alta, de cuerpo largo y aflautado, y corta de pie. La finalidad es retener las burbujas. No se deben utilizar las conocidas copas planas de champán que se han utilizado hasta hace unos pocos años.

La copa de cava o champán se puede llenar hasta unos 3/5 de su capacidad. No se debe servir desde mucha altura para evitar hacer mucha ‘espuma’.

Copa Champán - Copa Vermut.

6. Copa de vermouth – vermú

Es una copa corta y ancha en su boca, estrechándose a medida que se acerca al pie. Es indicada para determinados cócteles y para tomar el vermouth.

Se suele llenar en su totalidad -no hasta el borde- porque suele llevar elementos tales como hielo, una rodaja de limón o de naranja o cualquier otro ‘elemento de moda’ para este tipo de copas.

7. Copa de coñac

Gran copa, de amplia cavidad abombada y pie muy corto. Pensada para “abrazarla” con la mano y mantener templado su contenido. Utilizada para tomar el coñac y el brandy.

En algunas tienda especializadas se venden una especia de ‘mecheros’ que son calentadores para las copas de coñac o brandy. Son muy curiosos.

No se debe llenar más de 1/3 de su capacidad.

Copa Coñac - Copa Licor.

8. Copa de licor

Copa pequeña, de pie muy corto y escasa capacidad. Utilizada para todo tipo de licores, y una de las copas con más variantes en cuanto al temas de los diseños y las medidas.

Se puede llenar hasta 4/5 de su capacidad.

9. Vaso de tubo

Vaso alto (de unos 17-18 centímetros), sin pie. Utilizado principalmente en hostelería, para el servicio diverso de refrescos, copas y “cubatas”. También se puede utilizar como vaso de agua, si no tenemos copas de agua, o bien para tomar también un zumo.

Se puede llenar hasta 5/6 de su capacidad.

Vaso Tubo - Jarra Cerveza.

10. Jarra de cerveza

Jarra de diverso tamaño, de cristal grueso, utilizada para tomar cerveza. La más habitual es la jarra de medio litro -lo que equivale a una ‘pinta de cerveza’-. Se llena hasta que la espuma alcanza el borde.

No es habitual en los bares que la han sustituido por un vaso. En algunos lugares, se ha tomado la costumbre de mantener las jarras heladas en el congelador, pero es discutible porque depende del tipo de cerveza que vayamos a tomar.

Diseños, formas y tamaños de los vasos y las copas

Los diseños aquí expuestos solo son una representación de algunas de las piezas más comunes y habituales de una cristalería. No obstante, podemos encontrarnos multitud de formas, diseños, tamaños y colores diferentes.

Whisky - Cóctel - Licor Dulce.

FUENTE:https://www.protocolo.org/social/la-mesa/tipos-de-copas-como-se-utilizan.html

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Posted in Cook, Food, mercados, Quito Colonial, Restaurant, on 17 septiembre 2018, by , 0 Comments

El locro de papas es un plato que ha viajado a través del tiempo, un plato ancestral, al cual se le han sumado ingredientes adoptados del viejo mundo como la cebolla, la leche y el queso, pero en su esencia sigue siendo el guiso espeso de papas que los aimaras preparaban y luego los incas. Los cuales también, a veces, le ponían maíz, charqui (carne seca) o zapallo y siempre, ají.

El locro es emblemático de la Sierra ecuatoriana, se hace con una papa de mediano tamaño llamada papa chola locrera, que tiene la particularidad de soltar bastante almidón, lo que da como resultado una sopa espesa. Las papas se cortan en dos tamaños diferentes, para que los trozos mas pequeños se deshagan y los grandes se vean en el plato. El locro de papas se sirve acompañado de trocitos de queso fresco, tajadas de aguacate y salsa de ají. A este mismo locro se le pueden añadir también otros vegetales como choclo, zapallo, acelgas, habas o sambo (alcayota en Chile), adoptando así el nombre del vegetal añadido, como “locro de choclo”  o “locro de acelgas” por ejemplo, y donde siempre la papa estará presente como base de la preparación.

Es una sopa realmente deliciosa, aquí en la casa la hacemos muy seguido y nunca falta en las cartas de la mayoría de los restaurantes de todo el país.

Dos salsas de ají para acompañar este plato: Salsa de Ají y Ajicero Criollo

FUENTE: http://www.confiesoquecocino.com/locro-de-papas/

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Posted in Cook, Food, mercados, News, Quito Colonial, Restaurant, on 1 agosto 2018, by , 0 Comments

La quinua fue cultivada en los Andes bolivianos principalmente y también en los ecuatorianos y peruanos desde hace unos 5.000 años. Este cultivo, al igual que la papa fue uno de los principales alimentos en muchos pueblos andinos de la antigüedad preinca.

Son muchos los nombres con los que se denomina a la quinoa siendo el mas conocido el de quinua o arroz andino . Su nombre científico es Chenopodium Quinoa. En quechua, se conoce también a la quinoa como: Ayara,
La quinoa, alimento sagrado en la época de los Incas. La quinua es un producto de la tierra que se cultiva en Bolivia, Perú y países aledaños. Su cultivo se remonta al Imperio de los Incas. Fue considerado un alimento sagrado, siendo, junto a la papa, la base de la agricultura andina imperial.Bolivia, un país sudamericano, con regiones altiplánicas; es cuna de uno de los alimentos más apreciados de los que dispone la humanidad. Sus áreas de cultivo se encuentran a más de 3,500 metros de altura, principalmente en los departamentos de Oruro y Potosí de los cuales procede la mejor quinua del mundo.
La quinua (Chenopodium quinoa) es un pseudo-cereal, rico en proteínas (14%) que se desarrolla bajo los extremos condiciones agroecológicos de un desierto de altura, con una precipitación anual de apenas 250 mm, alrededor de 210 días de heladas al año y unos suelos arenosos, pobres en nutrientes y materia orgánica.
A pesar de estas condiciones adversas, es precisamente aquí donde crece la quinua ­ el grano sagrado de los aymaras. Sin embargo, para que este grano pueda ser consumido por el ser humano, en primera instancia debe sufrir un proceso de desaponificación, mediante el cual se remueve mecánicamente la capa amarga de saponina que recubre el grano en la parte exterior.
Desde el punto de vista de su variabilidad genética puede considerarse como una especie oligocéntrica, con centro de origen de amplia distribución y diversificación múltiple, siendo la región andina y dentro de ella, las orillas del Lago Titicaca, las que muestran mayor diversidad y variación genética.Una evidencia del uso de la quinua se encuentra en la cerámica de la cultura Tiahuanaco, que representa a la planta de quinua, con varias panojas distribuidas a lo largo del tallo, lo que mostraría a una de las razas más primitivas.
A la llegada de los españoles, la quinua tenía un desarrollo tecnológico apropiado y una amplia distribución en el territorio Inca y fuera de el. El primer español que reporta el cultivo de quinua fue Pedro de Valdívia quien al observar los cultivos alrededor de Concepción, menciona que los indios para su alimentación siembran también la quinua entre otras plantas. Posteriormente, Bernabé Cobo, confunde la quinua con la Kiwicha e indica que la quinua es una planta muy parecida al bledo de Europa. Garcilaso de la Vega, en sus comentarios reales describe que la planta de quinua es uno de los segundos granos que se cultivan sobre la faz de la tierra denominada quinua y que se asemeja algo al mijo o arroz pequeño, y hace referencia al primer envío de semillas hacia Europa, las que desafortunadamente llegaron muertas y sin poder germinar, posiblemente debido a la alta humedad reinante durante la travesía por mar.Posteriormente, Cieza de León (1560), indica que la quinua se cultivaba en las tierras altas de Pasto y Quito, mencionando que en esas tierras frías se siembra poco maíz y abundante quinua. También Patiño (1964), menciona que en sus revisiones sobre La Paz, se habla de la quinua como una planta que servía de alimento a los indígenas (Jimenes de la Espada, 1885, II, 68) y finalmente Humboldt, al visitar Colombia indica que la quinua siempre ha acompañado y seguido a los habitantes de Cundinamarca.

FUENTE:  http://laquinuareal.blogspot.com/2010/06/historia-y-origen-de-la-quinua-o-quinoa.html
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Posted in Cook, Food, Quito Colonial, Restaurant, Turismo, on 11 julio 2018, by , 0 Comments

Posiblemente, se encuentre en Asturias puesto que desde hace siglos, siempre que se citaba el arroz, estaba directamente relacionado con la leche. Al igual que otros muchos platos tradicionales, surgió como respuesta creativa para aprovechar las sobras de otros alimentos. Y es que, es uno de los postres más fáciles de realizar ya que se cuece el arroz en leche, azúcar y canela.

Cuando todavía no se había inventado el azúcar, la receta se realizaba con miel. Con el paso de los años, ésta sería sustituida por el azúcar de caña a finales del siglo XIX. No sería hasta el siglo XX cuando aparecería en los hogares y en las casas de comida el azúcar blanco, que se usaría para realizar la receta tal y como conocemos hoy en día.

 

FUENTE: https://www.casaalberto.es/blog/213-el-origen-del-arroz-con-leche.html

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Posted in Cook, News, Quito Colonial, Restaurant, Turismo, on 12 junio 2018, by , 0 Comments

El Centro Histórico es un amplio sector de la ciudad que fue levantado sobre las cenizas de la que fuera la capital de la mitad norte del Imperio Inca hasta que el General Rumiñahui la quemara hasta sus cimientos antes que entregarla a los conquistadores españoles.

Quito fue la primera ciudad en el mundo en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por las Naciones Unidas en el año 1978. Su Centro Histórico tiene la magia de transportar a quienes lo visitan a épocas pasadas, mientras se camina por sus calles adoquinadas y por sus aceras empedradas. A inicios del Siglo xx, la ciudad apenas se localizaba al interior de las fronteras del Centro Histórico. Actualmente, este sector constituye apenas una ínfima parte de lo que es toda la ciudad, pero es, sin lugar a dudas, el sector más rico desde el punto de vista histórico y cultural. Algunas de las más famosas batallas independentistas y ejecuciones tuvieron lugar en las mismas plazas en las que hoy día deambulan turistas, transeúntes, vendedores y mendigos.

Hospedarse en alguno de los hoteles en el Centro de Quito actualmente se ha vuelto muy popular pues tanto sus históricos hoteles boutique como la mejora en la seguridad de esta parte de la ciudad, atraen cada vez a más turistas, lo mismo a quienes viajan con presupuesto limitado que a quienes tienen recursos para procurarse alojamientos de lujo.

Varios de los mejores bares y restaurantes de Quito están en el Centro Histórico. Escápese de los tours guiados y pase un poco de tiempo en las plazas y calles adyacentes a las principales, que muestran una exquisita arquitectura colonial y pasajes que conducen hacia adorables patios interiores coloniales.

 

FUENTE: http://www.ecuadorexplorer.com/es/html/centro-historico.html

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Posted in Cook, Food, mercados, Restaurant, Turismo, on 21 mayo 2018, by , 0 Comments

Cuando el mercado de Santa Clara abrió sus puertas, en 1951,  se ubicó en la entonces ‘periferia’ de la ciudad; la hoy avenida Colón era el límite desde donde se marcó el crecimiento hacia el norte. Tras dos remodelaciones y 63 años de vida, este centro de expendios y de comidas se yergue en el ahora centro norte de la capital.

Su ubicación sumada a la variedad y frescura de sus productos, lo han convertido en uno de los mercados tradicionales de Quito. Al ingresar por la calle Versalles, el sentido del olfato se agudiza por la mezcla de olores producto de la extensa oferta alimenticia:  caldo de gallina, fritada, el infaltable hornado, la corvina frita, variedades de jugos…

Los mesones metálicos o de baldosa, las silletas pequeñas adosadas unas con otras, las ollas, el vapor, los letreros de los puestos. Todo se fusiona, armónicamente, provocando que el apetito o la sed se sientan con mayor intensidad. Con su atuendo de chef, blanco e impecable, Augusto Chiriboga atiende a los comensales (estudiantes, turistas, oficinistas, policías, profesores, familias enteras) sacando dotes de tenor. “Venga mi señora sí hay el caldo de gallina, pruebe nuestro seco”. El hombre de 68 años ofrece sus secos, de pollo y de carne, desde hace 40 años, cuando vendía junto con su madre.

De lunes a sábado, Chiriboga llega al mercado antes de las 06:00 para preparar los platos. Los primeros clientes empiezan a llegar una hora después. En la parte posterior de la sección de comidas (uno de los 11 del mercado), está el puesto de Blanca Molina. Ella, literalmente, se crió en el mercado de Santa Clara. Su sombrero y mandil azules hacen juego con la sonrisa contagiosa que la caracteriza. La mujer, de 55 años, recordó que hasta hace 15 años vendía frutas, verduras, legumbres en los exteriores. Pero ella y otras 31 comerciantes ingresaron al Mercado.  Nos han dado cursos de manejo de productos y trato al cliente, cuenta, mientras vende un dólar de aguacates. Doña Blanquita, como la conocen, llegó a ser dos veces presidenta de la asociación de comerciantes. En las dos plantas del Mercado laboran 241 socios.

En la parte alta funciona un centro de educación inicial y uno de salud. Más al norte de la ciudad, en la Iñaquito y Villalengua, está otro centro de expendio que fue parte de la expansión urbana, el mercado de Iñaquito. Los frigoríficos en los puestos de pollos y mariscos; además de los quioscos de estructura metálica con vidrio, dan una imagen moderna de este centro que cumplió 37 años.

Este cambio se materializó hace 12 años. Hugo Molina tiene su local de venta de mariscos. Dos frigoríficos y una refrigeradora son parte del mobiliario de su puesto. Los camarones, conchas, picudos y ostiones son parte de la oferta. Luciendo las clásicas ‘botas siete vidas’, recuerda que en su lista de clientes constan futbolistas como Néicer Reascos o el ex atacante albo Hernán Barcos.

 

FUENTE ORIGINAL: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/mercados-de-inaquito-y-santa-clara/historia#.WvYkvKQvzIU

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Posted in Cook, Food, mercados, News, Quito Colonial, on 9 mayo 2018, by , 0 Comments

En el año 1950 en el centro de la ciudad de Quito, funcionaban por separado dos ferias al aire libre en donde los habitantes se proveian de toda clase de productos alimenticios, la una en la plaza La Marin  y la otra en la plaza de san Blas.
En un lamentable incidente en una de las cobachas donde expendian abastos se produjo un incendio que consumio  casi todos los puestos que conformaban la feria de San Blas, quedando de esta manera varias familias seriamente afectadas por la falta de un sitio para trabajar.
Los comerciantes de la feria de La Marin se solidarizaron y temiendo que lo mismo les pueda suceder decidieron unirse para solicitar a las autoridades municipales la donacion de un terreno donde puedan construir un mercado.
Todo el sacrificio de este grupo de personas dio sus frutos cuando el Alcalde electo de ese entonces el Dr. Carlos Chiriboga Villagomez  les entrega en propiedad el terreno conocido como el Toril pues ahi se faenaba reses  (El Camal) ubicado en las calles Manabi y Av. Pichincha.
Luego de recibir este terreno y gracias al apoyo del señor Mantilla, propitario fundador de la empresa El Comercio, de su garantia para que el Banco La Previsora otorge un prestamo  que fue cancelado por los comerciantes, para la construccion del edificio que lleva por nombre hasta la actualidad  Mercado Central de Quito.
El 26 de Febrero de 1.952 el mercado habre sus puertas a toda la ciudadania.
Fuente original: http://mercado-central-quito.globered.com/categoria.asp?idcat=22
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Posted in Cook, Quito Colonial, on 18 abril 2018, by , 0 Comments

Todavía humea, pero las valientes caseras del mercado lo deshilachan con sus manos ya curtidas y acostumbradas al calor. Bajo una corteza crujiente está la suave y deliciosa carne de cerdo, como solo en Ecuador se prepara. El comensal, impaciente, solo espera degustar pronto este apetecido y tradicional plato. La historia del hornado empieza en el siglo XVI, según el chef Carlos Gallardo, de la Universidad de las Américas. Es un plato típico ecuatoriano, que nació de una tradición europea. En América no había cerdos, pero los españoles los trajeron. Eran castellanos y negros. En el siglo XVII, en los tradicionales hornos de leña se hacían allullas, bizcochos o pan. Pero había que aprovechar el calor. Entonces, las cocineras lo usaban para preparar carnes. Una de ellas era el cerdo. El origen del plato viene de un plato valenciano: el cochinillo, preparado en horno de leña. Uno de los sitios con más historia para este plato es Botín, en la calle madrileña de Cuchilleros, considerado el restaurante más antiguo del mundo. Según Gallardo, en Ecuador, una de las particularidades es la edad del cerdo con el que se hace hornado.

Un cochinillo tiene alrededor de dos años de edad. El animal para preparar hornado tiene el doble. Otra característica es que, para obtener un cuero crujiente, se debe cocer a fuego lento. Si la temperatura es baja, “la grasa se derrite y confita la proteína”. Es decir que entra en la carne y le da esa suavidad y sabor.

La receta original del cochinillo cambió al llegar a América, para convertirse en este alimento. Mientras el primero se marina con azafrán, vino, pimienta y clavo de olor, el segundo se adoba con chicha, cebolla, ajo y comino. Mucho comino. Pero el ingrediente que marca la diferencia es el achiote. Este se usa solamente en Ecuador. Se encuentra en diferentes puntos del país. Gallardo explica que hay cuatro raíces principales de este plato en la serranía: Carchi, Pichincha, Chimborazo y Azuay. De ahí, la receta ‘se regó’ para provincias vecinas como Tungurahua, Bolívar, Cañar o Cotopaxi. También llegó a la Costa. Pero en cada lugar tiene alguna particularidad.

Si en Pichincha se sirve con tortillas de papa, aguacate y lechuga, en Los Ríos va con Maduro y huevo, en Manabí con chifles y yuca y en Cañar con habas tiernas. La diferencia en las guarniciones es fácil de entender. Gallardo explica que cada región eligió una de acuerdo a los carbohidratos y cereales que su tierra produce.

Un acompañante común en casi todos los puntos donde se prepara es el mote. Además está el agrio, que tiene un sabor algo distinto según el sitio y el ‘ingrediente secreto’ de cada cocinero. Para completar la tradición, está la famosa probana, clásica en una hueca, restaurante popular o mercado.

“Venga mi guapo, qué le sirvo mi reina, ya le sirvo doctorcito, qué le atiento mi rey”

están entre las ingeniosas frases de la casera para atraer el cliente. Basta saborear el pedacito de carne o cuero de cortesía para aceptar la invitación. ¡Buen provecho!

 

Fuente: http://www.elcomercio.com/actualidad/hornado-tradicion-ecuatoriana-gastronomia.html

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Posted in Cook, Food, Restaurant, Turismo, on 4 abril 2018, by , 0 Comments

Una paila de bronce gira. Contiene jugo de frutas, hielo y sal en grano. He ahí la clave para preparar el tradicional helado de paila. En Quito existen varios lugares en donde degustar este postre, desde el norte hasta el sur, cada uno con su particularidad. En el norte de la ciudad, a 100 metros del Colegio Francés, se encuentran los Helados de paila Pomasqui. El local ofrece más de 80 sabores. 11 tradicionales como mora y guanábana; 10 de temporada como borojó y arazá. Además, más de 60 gourmet que se realizan bajo pedido y abarcan una gama amplia de sabores inusuales como chicha de jora, perejil o champagne con rosas. “Se puede hacer helado de todo lo que se pueda comer”, dice Cristina Cabezas, hija de José, dueño del local. José comenta que aprendió a elaborar este postre con su esposa Miriam Álvarez y su suegra Olga Echeverría, bisnieta de Rosalía Suárez. Echeverría fue, según cuentan, la primera en introducir esta tradición a Quito.

Cabezas elabora este postre por más de 25 años en Pomasqui, luego de que en 1990 un terremoto de 4.9 grados sacudió la zona. “Somos artesanos”, dice el heladero. Se trata de un oficio transmitido a sus hijos, quienes ya tienen otros dos locales: uno en la Isla Genovesa (norte de Quito) y otro en Nayón (nororiente). Actualmente, realiza los trámites respectivos para exportar sus productos. El recorrido continúa, y el nombre Rosalía Suárez vuelve a sonar. Ernesto Álvarez, es la sexta generación que mantiene la tradición.

“Mi ‘chusabuela’ puso un recipiente con jugo sobre el granizo y se hizo helado. Poco a poco la técnica se perfeccionó, hasta conseguir este postre”, narra. El local del ‘chusnieto’ está ubicado en la Real Audiencia y Cristóbal Tuquiri. Se llama Los legítimos helados de paila ‘Herencia Ibarreña’. Álvarez aprendió el oficio de su abuelo homónimo, quien tiene un local en La Concepción, uno de los más populares de la ciudad, con más de 30 años. Según él, lo que marca la diferencia en su receta es el cariño que le pone desde la elección de la fruta en el mercado de San Roque.

Pero si se habla de helados con enfoque internacional hay que nombrar a  Helados de paila La Quinta, ubicados dentro del Mercado Artesanal, en el centro norte de la capital.  El centro de artesanías tiene un constante flujo de turistas internacionales. Francisco Tamayo, quien atiende en el puesto de helados, cuenta que su primo Miguel Caicedo lleva 13 años en el local. Ellos aprendieron la tradición en Ambato. Han participado con sus postres en ferias nacionales como la de Durán pero, actualmente, se preparan para llevar su producto al exterior. Sergio Garzón, dueño del local Helados Los Alpes, en la calle Chilibulo, al sur de Quito, permanece en el sector desde hace más de 27 años. Comenta que el objetivo de usar sal en grano es bajar la temperatura del hielo, gracias al sodio.

Él se demora 30 minutos en preparar seis litros de helado. “Estos helados nunca fueron hechos en paila” dice Alegría Salazar, quien lleva más de 50 años a la cabeza de los Helados Amazonas, ubicados en el camino viejo a Cumbayá. Aunque muchas personas los conozcan como ‘de paila’, se preparan en máquinas de hierro. Para ella, lo que marca la diferencia es conocer las frutas. “Hay tres clases de guanábanas y cinco clases de mora”, explica Alegría con una sonrisa, pero no todas sirven para los helados. En el local se llegan a ofrecer hasta 40 sabores.

De granadilla, higos, piña con naranja, limón, los hay de cualquier fruta y son un postre refrescante y natural. Además de los locales, decenas de artesanos deambulan por la ciudad con un carrito dotado de una paila el hielo y la fruta. Generalmente recorren el Centro Histórico. Sin embargo, no faltan los que visitan las inmediaciones de los centros educativos y parques.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/tendencias/heladospaila-sabores-quito-fruta-postres.html. 

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Posted in Cook, Food, Quito Colonial, Restaurant, on 21 diciembre 2017, by , 0 Comments

La historia de la cocina ecuatoriana está representada por platillos que permanecen hasta hoy en las mesas de los hogares. Son recetas que disfrutan todas las clases que han conformado la sociedad ecuatoriana por varias generaciones. El escritor, poeta e investigador culinario Julio Pazos decidió destacar estas preparaciones en su libro ‘Elogio de las cocinas del Ecuador’, de reciente presentación. El ‘elogio’ que propone Pazos es una grata sorpresa, una visión refrescante sobre el lugar de donde vienen las costumbres culinarias y todo lo que está alrededor de los platillos que se consumen con gusto. Reconocer el pasado que hay detrás de las recetas es responsabilidad de comensales y cocineros por igual. En todo momento, el libro es una máquina del tiempo que rescata el contexto en que se preparan los platos patrimoniales ecuatorianos. El texto de Pazos está planteado como un recorrido por los platos ecuatorianos desde la experiencia e investigación del autor, para difundir la vigencia de ciertas elaboraciones o su importancia dentro de la gastronomía local. “La cocina que predomina en el Ecuador es la interregional (…) Mas conviene insistir en que hablamos de la tradición viva y no de un rescate ni reconstrucción de ese factor”, menciona Pazos en su texto para fijar una línea conductora en la que las recetas del país son pasado y vigencia.

La lista de platos que plantea Pazos es extensa, pero varios se destacan por su trascendencia social, como la fanesca. El potaje que reaparece en restaurantes y hogares en Semana Santa es, para el autor, el plato patrimonial más emblemático. Este guiso reúne los sabores lampreados por su combinación salada con una guarnición dulce del plátano frito y las empanadas. Pero lo que resalta el autor es su simbología netamente barroca. Cuatro características hacen del plato un representante de esa época: la abundancia, porque lleva variedad de géneros; la fusión, porque mezcla vegetales con lácteos; la decoración sofisticada, por los adornos con empanaditas, tiras de pimiento, huevo duro y sus colores, así como el hecho de que tiene un complemento de celebración religiosa con el pescado como símbolo de Cristo. Este potaje y la colada morada se consideran representantes de la cocina ‘blanca’, pese a que son preparaciones que ingresaron desde las cocinas indígenas, señala Pazos al citar la investigación de Mary J. Weismantel -en su estudio realizado en la comunidad de Zumbahua en Cotopaxi-. A pesar del paso del tiempo y la variedad de recetas que se han creado alrededor de la fanesca, este plato continúa reuniendo a las familias ecuatorianas alrededor de la mesa. Bajo esta misma línea barroca, Pazos recuerda el rosero, un comeibebe con mote, piña, babaco, chamburo y naranjilla. El aditamento de celebración religiosa está en su consumo en fiestas como el Corpus Cristi. La fusión no se da solo por los sabores y olores sino por los actos de comer y beber. Pazos alude que ese refresco en el siglo XVIII pudo ser la contraparte del champús.

 

En tiempos prehispánicos la preparación del rosero tenía menos ingredientes pues únicamente se combinaba la harina de maíz con el mote y se obtenía el dulce con el yahuarmishky. Mientras que en el siglo XIX el rosero gozó de gran consideración y se convirtió en una de la bebidas predilectas de, por ejemplo, Manuela Sáenz, quien lo alude en sus cartas que hoy forman parte del Epistolario de la patriota quiteña en el Banco Central. Si bien el rosero no ha desaparecido del todo, Pazos hace notar que se prepara mayormente en festivales gastronómicos y ciertos locales de alta cocina que intentan crear nuevas versiones del refresco. Las humitas, por otro lado, no se han perdido aunque sí ha disminuido su preparación dentro de los hogares. Se las conoce también como choclotanda, “voz quichua que significa pan de choclo por su forma de bollo”. Esta preparación se extiende a lo largo de la región donde se desarrolló la cultura incaica como Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia. Ampliar Las humitas se consumen al desayuno o en la tarde con café. Pazos también comenta las anotaciones del jesuita italiano Mario Cicala sobre la cocina de la Presidencia de Quito. A mediados del siglo XVIII, Cicala relata, entre otras innumerables curiosidades, que la cocción al vapor de las humitas se hacía con una cama de carrizo y paja en una paila. Con la llegada de la olla tamalera, se facilitó la preparación de la humita, que antes solo se rellenaba con queso fresco; hoy se le añade sabor con un condumio de cebolla, queso y achiote. Entre anécdotas, Pazos evoca el encuentro de Richard Nixon –en calidad de vicepresidente de EE.UU.- con la cocina ecuatoriana. Degustó la humita en un menú que le ofreció el presidente Galo Plaza. Le pareció deliciosa la masa, “pero la lechuga de la cubierta estuvo muy áspera para tragarla”, según la frase que se recoge en el libro ‘Saber Alimentarse’ de Plutarco Naranjo. Turismo gastronómico ​ El libro también es un viaje en que Pazos ve a la cocina como patrimonio dinamizador del turismo culinario que, hoy, es una creciente tendencia.

La Organización Mundial del Turismo señala –en el último informe sobre viajes con fines gastronómicos- que la cocina es el tercer motivo de viajes, precedido por razones culturales y de naturaleza. Pazos apunta a una actividad poco explotada en el país y propone rutas que fusionan arte, arqueología y actividad culinaria en Cañar y Azuay, el noroccidente de Quito o el río Napo, por ejemplo. No solo importa comer bien, sino entender de dónde vienen y qué representan los ingredientes para las comunidades o ciudades que se visitan. Pazos, sin llegar a establecer una ruta dulce, señala un camino para encontrar los mejores postres tradicionales de Quito. Elabora un listado de locales que ofertan quesadillas, aplanchados, mistelas, rosquetes, higos enconfitados, entre otros postres del siglo XVIII.

Fuente: http://www.elcomercio.com/tendencias/viaje-cocina-ecuatoriana-historia-juliopazos.html#.WYhj3TW0PIg.facebook

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