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Cook

Posted in Cook, Food, Restaurant, Turismo, on 4 abril 2018, by , 0 Comments

Una paila de bronce gira. Contiene jugo de frutas, hielo y sal en grano. He ahí la clave para preparar el tradicional helado de paila. En Quito existen varios lugares en donde degustar este postre, desde el norte hasta el sur, cada uno con su particularidad. En el norte de la ciudad, a 100 metros del Colegio Francés, se encuentran los Helados de paila Pomasqui. El local ofrece más de 80 sabores. 11 tradicionales como mora y guanábana; 10 de temporada como borojó y arazá. Además, más de 60 gourmet que se realizan bajo pedido y abarcan una gama amplia de sabores inusuales como chicha de jora, perejil o champagne con rosas. “Se puede hacer helado de todo lo que se pueda comer”, dice Cristina Cabezas, hija de José, dueño del local. José comenta que aprendió a elaborar este postre con su esposa Miriam Álvarez y su suegra Olga Echeverría, bisnieta de Rosalía Suárez. Echeverría fue, según cuentan, la primera en introducir esta tradición a Quito.

Cabezas elabora este postre por más de 25 años en Pomasqui, luego de que en 1990 un terremoto de 4.9 grados sacudió la zona. “Somos artesanos”, dice el heladero. Se trata de un oficio transmitido a sus hijos, quienes ya tienen otros dos locales: uno en la Isla Genovesa (norte de Quito) y otro en Nayón (nororiente). Actualmente, realiza los trámites respectivos para exportar sus productos. El recorrido continúa, y el nombre Rosalía Suárez vuelve a sonar. Ernesto Álvarez, es la sexta generación que mantiene la tradición.

«Mi ‘chusabuela’ puso un recipiente con jugo sobre el granizo y se hizo helado. Poco a poco la técnica se perfeccionó, hasta conseguir este postre», narra. El local del ‘chusnieto’ está ubicado en la Real Audiencia y Cristóbal Tuquiri. Se llama Los legítimos helados de paila ‘Herencia Ibarreña’. Álvarez aprendió el oficio de su abuelo homónimo, quien tiene un local en La Concepción, uno de los más populares de la ciudad, con más de 30 años. Según él, lo que marca la diferencia en su receta es el cariño que le pone desde la elección de la fruta en el mercado de San Roque.

Pero si se habla de helados con enfoque internacional hay que nombrar a  Helados de paila La Quinta, ubicados dentro del Mercado Artesanal, en el centro norte de la capital.  El centro de artesanías tiene un constante flujo de turistas internacionales. Francisco Tamayo, quien atiende en el puesto de helados, cuenta que su primo Miguel Caicedo lleva 13 años en el local. Ellos aprendieron la tradición en Ambato. Han participado con sus postres en ferias nacionales como la de Durán pero, actualmente, se preparan para llevar su producto al exterior. Sergio Garzón, dueño del local Helados Los Alpes, en la calle Chilibulo, al sur de Quito, permanece en el sector desde hace más de 27 años. Comenta que el objetivo de usar sal en grano es bajar la temperatura del hielo, gracias al sodio.

Él se demora 30 minutos en preparar seis litros de helado. “Estos helados nunca fueron hechos en paila” dice Alegría Salazar, quien lleva más de 50 años a la cabeza de los Helados Amazonas, ubicados en el camino viejo a Cumbayá. Aunque muchas personas los conozcan como ‘de paila’, se preparan en máquinas de hierro. Para ella, lo que marca la diferencia es conocer las frutas. “Hay tres clases de guanábanas y cinco clases de mora”, explica Alegría con una sonrisa, pero no todas sirven para los helados. En el local se llegan a ofrecer hasta 40 sabores.

De granadilla, higos, piña con naranja, limón, los hay de cualquier fruta y son un postre refrescante y natural. Además de los locales, decenas de artesanos deambulan por la ciudad con un carrito dotado de una paila el hielo y la fruta. Generalmente recorren el Centro Histórico. Sin embargo, no faltan los que visitan las inmediaciones de los centros educativos y parques.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/tendencias/heladospaila-sabores-quito-fruta-postres.html. 

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Posted in Cook, Food, Quito Colonial, Restaurant, on 21 diciembre 2017, by , 0 Comments

La historia de la cocina ecuatoriana está representada por platillos que permanecen hasta hoy en las mesas de los hogares. Son recetas que disfrutan todas las clases que han conformado la sociedad ecuatoriana por varias generaciones. El escritor, poeta e investigador culinario Julio Pazos decidió destacar estas preparaciones en su libro ‘Elogio de las cocinas del Ecuador’, de reciente presentación. El ‘elogio’ que propone Pazos es una grata sorpresa, una visión refrescante sobre el lugar de donde vienen las costumbres culinarias y todo lo que está alrededor de los platillos que se consumen con gusto. Reconocer el pasado que hay detrás de las recetas es responsabilidad de comensales y cocineros por igual. En todo momento, el libro es una máquina del tiempo que rescata el contexto en que se preparan los platos patrimoniales ecuatorianos. El texto de Pazos está planteado como un recorrido por los platos ecuatorianos desde la experiencia e investigación del autor, para difundir la vigencia de ciertas elaboraciones o su importancia dentro de la gastronomía local. “La cocina que predomina en el Ecuador es la interregional (…) Mas conviene insistir en que hablamos de la tradición viva y no de un rescate ni reconstrucción de ese factor”, menciona Pazos en su texto para fijar una línea conductora en la que las recetas del país son pasado y vigencia.

La lista de platos que plantea Pazos es extensa, pero varios se destacan por su trascendencia social, como la fanesca. El potaje que reaparece en restaurantes y hogares en Semana Santa es, para el autor, el plato patrimonial más emblemático. Este guiso reúne los sabores lampreados por su combinación salada con una guarnición dulce del plátano frito y las empanadas. Pero lo que resalta el autor es su simbología netamente barroca. Cuatro características hacen del plato un representante de esa época: la abundancia, porque lleva variedad de géneros; la fusión, porque mezcla vegetales con lácteos; la decoración sofisticada, por los adornos con empanaditas, tiras de pimiento, huevo duro y sus colores, así como el hecho de que tiene un complemento de celebración religiosa con el pescado como símbolo de Cristo. Este potaje y la colada morada se consideran representantes de la cocina ‘blanca’, pese a que son preparaciones que ingresaron desde las cocinas indígenas, señala Pazos al citar la investigación de Mary J. Weismantel -en su estudio realizado en la comunidad de Zumbahua en Cotopaxi-. A pesar del paso del tiempo y la variedad de recetas que se han creado alrededor de la fanesca, este plato continúa reuniendo a las familias ecuatorianas alrededor de la mesa. Bajo esta misma línea barroca, Pazos recuerda el rosero, un comeibebe con mote, piña, babaco, chamburo y naranjilla. El aditamento de celebración religiosa está en su consumo en fiestas como el Corpus Cristi. La fusión no se da solo por los sabores y olores sino por los actos de comer y beber. Pazos alude que ese refresco en el siglo XVIII pudo ser la contraparte del champús.

 

En tiempos prehispánicos la preparación del rosero tenía menos ingredientes pues únicamente se combinaba la harina de maíz con el mote y se obtenía el dulce con el yahuarmishky. Mientras que en el siglo XIX el rosero gozó de gran consideración y se convirtió en una de la bebidas predilectas de, por ejemplo, Manuela Sáenz, quien lo alude en sus cartas que hoy forman parte del Epistolario de la patriota quiteña en el Banco Central. Si bien el rosero no ha desaparecido del todo, Pazos hace notar que se prepara mayormente en festivales gastronómicos y ciertos locales de alta cocina que intentan crear nuevas versiones del refresco. Las humitas, por otro lado, no se han perdido aunque sí ha disminuido su preparación dentro de los hogares. Se las conoce también como choclotanda, “voz quichua que significa pan de choclo por su forma de bollo”. Esta preparación se extiende a lo largo de la región donde se desarrolló la cultura incaica como Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia. Ampliar Las humitas se consumen al desayuno o en la tarde con café. Pazos también comenta las anotaciones del jesuita italiano Mario Cicala sobre la cocina de la Presidencia de Quito. A mediados del siglo XVIII, Cicala relata, entre otras innumerables curiosidades, que la cocción al vapor de las humitas se hacía con una cama de carrizo y paja en una paila. Con la llegada de la olla tamalera, se facilitó la preparación de la humita, que antes solo se rellenaba con queso fresco; hoy se le añade sabor con un condumio de cebolla, queso y achiote. Entre anécdotas, Pazos evoca el encuentro de Richard Nixon –en calidad de vicepresidente de EE.UU.- con la cocina ecuatoriana. Degustó la humita en un menú que le ofreció el presidente Galo Plaza. Le pareció deliciosa la masa, “pero la lechuga de la cubierta estuvo muy áspera para tragarla”, según la frase que se recoge en el libro ‘Saber Alimentarse’ de Plutarco Naranjo. Turismo gastronómico ​ El libro también es un viaje en que Pazos ve a la cocina como patrimonio dinamizador del turismo culinario que, hoy, es una creciente tendencia.

La Organización Mundial del Turismo señala –en el último informe sobre viajes con fines gastronómicos- que la cocina es el tercer motivo de viajes, precedido por razones culturales y de naturaleza. Pazos apunta a una actividad poco explotada en el país y propone rutas que fusionan arte, arqueología y actividad culinaria en Cañar y Azuay, el noroccidente de Quito o el río Napo, por ejemplo. No solo importa comer bien, sino entender de dónde vienen y qué representan los ingredientes para las comunidades o ciudades que se visitan. Pazos, sin llegar a establecer una ruta dulce, señala un camino para encontrar los mejores postres tradicionales de Quito. Elabora un listado de locales que ofertan quesadillas, aplanchados, mistelas, rosquetes, higos enconfitados, entre otros postres del siglo XVIII.

Fuente: http://www.elcomercio.com/tendencias/viaje-cocina-ecuatoriana-historia-juliopazos.html#.WYhj3TW0PIg.facebook

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Posted in Cook, Quito Colonial, Restaurant, on 25 octubre 2017, by , 0 Comments

El país entero percibe aromas de mortiño, frutos rojos, piña, moras de Tisaleo, clavo de olor y la flor de la canela de la bella Amazonía, el Ishpingo. El feriado del Día de los Difuntos está cerca y las familias ecuatorianas esperan con ansías sus días de descanso para reunirse y preparar en conjunto la tradicional Colada Morada y las Guaguas de Pan.

Entre las tareas repartidas en la cocina y la sabiduría de nuestras abuelas y madres que emplean sus mejores secretos es necesario recordar que esta tradicional preparación la llevamos en la sangre desde épocas prehispánicas.

La primera Colada Morada se preparaba como un ofrecimiento sagrado a los seres queridos que se encontraban en el más allá y se la realizaba las épocas lluviosas (octubre – noviembre), cuando el agua refrescaba los campos.

Con el objetivo de conectarse con el más allá, se utilizaba el maíz negro, al considerarse como la fuente de donde había sido creado el hombre. También se relata la historia del uso de la sangre de llama, al tratarse de un animal sagrado. Poco a poco sus componentes fueron cambiando y se fueron agregando con la llegada de los españoles y la religión católica.

Hoy en día la Colada Morada es una bebida festiva, que endulza los hogares de todos los ecuatorianos, con aromas y sabores de frutos y especias. Moras, mortiños, naranjilla, frutillas, babaco, ataco, arrayán, cedrón, hierba luisa, hoja de naranjo, canela, clavo de olor, pimienta dulce y el aromático ishpingo son los ingredientes principales.

Con orgullo de nuestras tradiciones ancestrales, este día miércoles 21 de octubre se celebra una vez más en la ciudad de Quito el reconocimiento a los 18 establecimientos turísticos que conservan y difunden la tradicional Colada Morada.

En una alianza con la Alcaldía de Quito, Quito Turismo y el Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana (CIGE) de la Universidad de las Américas, se llevará a cabo un evento de alto nivel, en el que los hoteles y los restaurantes premiados ofrecerán sus mejores recetas a los invitados. Además, el CIGE propone nuevas alternativas de cocina contemporánea con el mortiño, para incentivar a los ecuatorianos a utilizar este tesoro andino durante todo el año.

Por Carolina Pérez
Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana de la UDLA

Fuente: http://www.ecuadortv.ec/noticias/turismo/colada-morada-una-bebida-ancestral

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Posted in Cook, Food, on 5 octubre 2017, by , 0 Comments

Para sus moradores, Chimbacalle es la capital de Quito. El sonido del tren ha sido siempre el emblema del barrio, así como antaño fue el resonar de las fábricas que operaban en el lugar. Aún así, la iglesia vieja (tienen dos) es el punto de concentración de los moradores. Su lugar emblemático.

En el barrio cuentan que hay dos templos porque uno estuvo a punto de derrocarse luego de un fuerte sismo. Así que, cierta o no la historia, es la que en el barrio se conoce. Apenas una calle separa a las dos edificaciones. La antigua fue restaurada.

En el barrio, la vecindad aún subsiste. No falta la gente conversando en las esquinas y algunos moradores de antaño jugando cartas o recordando historias, entre ellos Edmundo Valencia, dirigente del mercado.

La historia en Chimbacalle está latente en cada rincón, no solo por la llegada del ‘Tren de Alfaro’. En la iglesia nueva se guarda un documento que detalla que la parroquia fue fundada en el siglo XVI. Antiguamente se la conocía como Machangarilla, por el cruce cercano del río Manchángara. También se relata que en el lugar donde se levanta la estación del tren, había una capilla.

Además, el barrio es dueño de tradiciones como la elaboración de coches de madera, por la familia Valencia. Y la serenata a la Virgen de El Quinche, que será este fin de semana.

Un nombre que nació enredado

origen. Las calles “culebreras” o “trenzadas” le dan el nombre a Chimbacalle, el barrio del sur de Quito, al menos esa es la historia que se repite entre la gente del lugar. Por lo de ‘chimba’, como los indígenas se refieren a las trenzas. Pero también hay otras lecturas. Se dice que el nombre se debe a que en ese lugar había una calle paralela al ingreso principal de Quito. En esta versión se indica que el nombre se deriva del híbrido de la palabra en quichua, chimba (al frente) y calle. Por lo que significa “calle de enfrente”. Como parte de la historia del barrio también se conoce que Chimbacalle, como parroquia, es una de las más antiguas de Quito, tanto civil cuanto eclesiástica. Por el lugar han pasado varias generaciones, entre ellas, las familias de trabajadores del ferrocarril y las fábricas que funcionaban en el sector.

El personaje

Antonio Silva es uno de los personajes destacados del barrio del sur. Foto: Paúl Rivas / ÚN

Antonio Silva es uno de los personajes destacados del barrio del sur.

Foto: Paúl Rivas / ÚN

Un dirigente y deportistacon harto compromiso

Dirigente deportista comprometido y con ‘ñeque’. Antonio Silva tiene 73 años y se ha dedicado a la gestión en Chimbacalle. Él nació en el barrio y actualmente es parte de la directiva vigente en el sector.

Antonio fue arquero del equipo emblemático del sector, el Patria. Tal es el cariño a la camiseta que, aunque ya no está bajo los tres palos, aún se emociona al hablar de su club.

Dos veces fue presidente de la institución, pero fuera del cargo ha seguido gestionando. Como dicen en los barrios de la ‘Carita de Dios’: “Con plata y persona”. El hombre celebró los 66 años del club junto con sus compañeros de antaño, entre ellos, el dirigente del mercado de Chimbacalle y su pana, Edmundo Valencia.

Al preguntarle si trabajará hasta llevar al Patria a las ligas profesionales, se entusiasma y, enseguida, responde que sabe que para eso se necesita hartos recursos.

El nombre del equipo, dice orgulloso el dirigente, se debe a que fue fundado un 10 de Agosto de 1950.

Antonio, conjuntamente con otros miembros del club, ha sobrepasado los límites de la cancha: también le ha entrado duro a la gestión para colaborar con obras en el barrio. En la construcción de la iglesia nueva también estuvo.

En la gestión del dirigente se suma la participación en la armada de la serenata a la Virgen de El Quinche. Este fin de semana será la octava edición. La fiesta es con todas las de ley, con artistas, baile, danza y comida típica. La misa, promociona, será este domingo, a las 11:00.

El hombre se ausentó por algunos años del barrio, pues se fue a trabajar en Estados Unidos. En ese país, dice, toca empezar desde abajo.

La hueca

Amparito Romero con su famoso plato de yahuarlocro. Foto: ÚN

Amparito Romero con su famoso plato de yahuarlocro.

Foto: ÚN

Desde caldos hasta unos buenos secos y un rico morocho. En Chimbacalle, en apenas unos metros, encuentra de todo para llenar el tanque y completar la jornada diaria. La ‘huecota’ del barrio se ubica en el mercado del sector.

En el sitio, donde hay 18 socias fijas, hay tanto para los que les gustan los platillos de sal como para los golosos. Uno de los puestos famosos es el de Amparito Romero.

La mujer de 53 años, pero más animosa que una quinceañera, heredó la sazón y los trucos de su madre, doña María Luisa Puente. La especialidad es el yahuarlocro, con todo 100% borrego.

El seco de chivo es otra de las especialidades en el puesto de Amparito, pero tampoco se quedan atrás el caldo de pato, la lengua y otras delicias.

De lunes a viernes, cuenta, la venta es buena. Sin embargo, el fin de semana, los clientes aumentan (06:30 a 16:00). Ahí es cuando salen a trabajar “las ociosas”. Amparito bautizó así a las ollas grandotas, algunas heredadas. Como hay más gente toca preparar más comida.

Amparito y su hermana, Rocío Romero, hacen combos. Todo con tal de que los clientes se vayan recorriendo un hueco de la correa; como quien dice, bien satisfechos.

Caldo o seco y las tortillas de verde con café le sale por apenas USD 2,70. Como dice la vendedora, santo remedio para un chuchaqui o para levantar muertos.
Amparito prácticamente creció en el mercado. Su mamá, recuerda, la llevaba hasta que aprendió los secretos. Su progenitora, ya fallecida, fue de las vendedoras tradicionales.

Este fin de semana están de pachanga en el barrio
Serenata. Este fin de semana se arma una de las fiestas más importantes de Chimbacalle, la serenata a la Virgen de El Quinche. Este festejo se realiza desde hace ocho años todos los 18 de diciembre. El plato fuerte, además de la misa, es la presentación de artistas, con la participación de la vecindad. Así que si quiere participar será en la calle Llanganates.

Faltan espacios verdes y recreativos en el sector
Pedido. Los vecinos de Chimbacalle dicen que en el barrio hay de todo. Sin embargo, piden que haya más espacios recreativos para la comunidad. Incluso hay quienes sugieren, entre ellos Milton Coello, que se adecúen espacios en la estación del ferrocarril. Aunque hay un estadio, en el sector mencionan que requieren más lugares para el deporte.

Fuente: http://www.ultimasnoticias.ec/las-ultimas/barrio-historia-chimbacalle-vecinos-fiestas.html

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