Quito Colonial

Posted in Quito Colonial, on 28 febrero 2018, by , 0 Comments

Esta monumental basílica es la obra más importante de la arquitectura neogótica ecuatoriana y una de las más representativas del continente americano, siendo a su vez la más grande en tierras del nuevo mundo. Se ubica en el sector céntrico de la ciudad de Quito, en las calles Carchi y Venezuela junto al Convento de los padres Oblatos. Este templo religioso fue edificado para rememorar la consagración del Estado Ecuatoriano al Sagrado Corazón de Jesús, celebrada durante la presidencia de Gabriel García Moreno en 1873.8​ Tiene 115 m de altura y está conformada por 24 capillas internas que representan a las provincias del Ecuador. Este santuario fue inaugurado y bendecido por el Papa Juan Pablo II en su visita al Ecuador el 18 de enero de 1985.8​ La Basílica, tanto por su estructura como por su estilo, es comparada con dos grandes catedrales del mundo: la Basílica de Saint Patrick en Nueva York y la Catedral de Norte Dame en París.

Un detalle que distingue a la obra es la sustitución de las clásicas gárgolas por reptiles y anfibios propios de la fauna ecuatoriana; además están dispuestos rosetones pétreos que representan a la flora del Ecuador.​ En el punto más alto de la torre principal se puede observar la ciudad y las montañas que la rodean. La nave central del templo tiene 140 m de largo, 35 de ancho y 30 de alto donde están dispuestas 14 imágenes de bronce que representan 11 apóstoles y 3 evangelistas.8​ A lo largo de la historia de su construcción fueron varios los aportes realizados para que esta obra se lleve a cabo. Los padres Oblatos donaron el terreno donde se erige la Basílica; para proseguir con la construcción se aceptaron donaciones de creyentes quienes proporcionaron piedras a cambio de grabar sus nombres en las mismas. En 1985, el Estado implantó un impuesto por las compras de la sal para continuar con la edificación y se logró terminar la construcción luego que varias generaciones de pica pedreros dedicaran sus vidas para edificar cada pared del recinto. Otro de los atractivos de la Basílica del Voto Nacional es el panteón de jefes de estado del Ecuador.

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Posted in Quito Colonial, Restaurant, on 19 febrero 2018, by , 0 Comments

En Quito las opciones para disfrutar de la ciudad son muchas, sin embargo es necesario que para conocer a la‘Carita de Dios’, le dediques un día al Centro Histórico, un lugar con muchas leyendas que como turista no te puedes perder.

Para llegar hasta el Centro Histórico de Quito, declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1978, puedes llegar en taxi, en bus o en trole (sistema de transporte público). Una vez allí, te recomendamos caminar, mirar hacia arriba y fijarte en cada detalle de las viviendas y de los personajes que encontrarás en cada cuadra.

Aquí te dejamos 10 actividades para que disfrutes de uno de los centros más lindos de Latinoamérica. Lo mejor de todo es que puedes ir caminando a todos los lugares.

1.- Recorrer La Basílica y subir a su cúpula

Obsérvala detenidamente desde afuera pero también ingresa y sube los escalones que te llevarán a sus cúpulas con estilo gótico. Valdrá la pena, porque verás el cielo de Quito, que cuando está despejado te muestra a los volcanes Cotopaxi, Cayambe y Chimborazo en su plenitud.

2.- Visitar las iglesias de la Compañía de Jesús y de San Francisco 

Quito tiene hermosas iglesias con altares bañados en pan de oro. La iglesia de la Compañía puede dejarte paralizado por unos segundos al ver el brillo dorado de los detalles con los que fue elaborada. El dorado de sus láminas de oro tiene 23 quilates cada una. Fue construido hace más de 160 años y es considerado uno de los templos de estilo barroco más representativos de Iberoamérica.

3.- Visitar un museo 

En el Centro Histórico puedes encontrar un sinnúmero de museos que albergan la historia republicana y de la colonia. Varios de ellos son gratuitos. La lista es larga, está el Museo de la Ciudad, sin embargo, el Museo de Cera, la Casa de Antonio José De Sucre, son también otras opciones. Así que puedes escoger de acuerdo a la parte de la historia que más te llame la atención. Aquí puedes revisar todos los museos.

4.- Tomarte una selfie en la Plaza Grande

Inmortaliza tu paso por Quito con una selfie teniendo como fondo el Palacio de Carondelet, nombre con el que se conoce a la residencia presidencial. Si para entonces sientes que te ha agarrado la altura, pues Quito está a casi 3 mil metros sobre el nivel del mar, puedes comprar a los vendedores ambulantes que rondan esta plaza, hojas o caramelos de coca que te ayudarán a seguir en tu recorrido. Y así los puedes tener para cuando vayas al teleférico, en otro sector de la ciudad, donde incluso estarás a más de 3 mil metros.

5.- Visitar el interior del Palacio de Carondelet

Desde hace algunos años se permite el ingreso al edificio presidencial, pues además de la arquitectura y decoración de sus salones, existe una exposición permanente de los obsequios que mandatarios de todo el mundo otorgaron al expresidente Rafael Correa. Planifica tu visita y separa cupo un día antes, pues a diferencia de los museos del centro, en Carondelet hay cupos limitados cada hora ya que al ser gratuito es uno de los lugares más concurridos. No olvides llevar tu pasaporte o documento de identidad.

 

6.- Comer algo tradicional en Cafetería Modelo

El ponche, el café con humitas, o el locro de papas, son algunos de las delicias típicas que vas a encontrar en los restaurantes del centro de Quito, pero si lo haces en la Cafetería Modelo además te transportarás al pasado. Aunque hoy esta cafetería – restaurante tiene varios locales, el más tradicional se ubica en las calles Sucre y García Moreno, que conserva sus pisos de madera y patio tradicional.

 

7.- Caminar por la calle de las Siete Cruces

La calle García Moreno, a la salida de Carondelet, es conocida popularmente como la calle de las siete cruces, que debe su nombre al número de iglesias que se ubican en ella.  Recórrela observando la arquitectura de sus viviendas y locales.

Calle García Moreno. Foto: Pixabay

8.- Pasear por La Ronda y tomar una canelazo

Cuando caiga el sol, es tiempo de caminar hacia La Ronda, un área que fue regenerada hace varios años y que brinda una opción de entretenimiento en la noche quiteña. Mientras caminas por sus calles empedradas, encontrarás restaurantes, bares, karaokes. Los mejores días para visitar esta zona son los viernes y sábados. Dicen que para aplacar el frío, la mejor opción es un canelazo, una bebida tradicional que lleva naranjilla, canela y aguardiente.

Calle La Ronda. Foto: Eddy HerreraCalle La Ronda. Foto: Eddy Herrera

9.- Subir hasta El Panecillo y tomar una panorámica de Quito 

El mirador El Panecillo lleva este nombre por su parecido con un pequeño pan y es uno de los sitios más visitados de la ciudad. Desde ahí se puede apreciar tanto el centro histórico como los extremos norte y sur de la capital.

Desde aquí te sentirás muy pequeñito, pues a tus espaldas tendrás a un monumento de la Virgen María que mide treinta metros apoyado en una base de otros 11 metros.

La inauguración de este monumento fue en 1975 y un año antes el rostro de la Virgen María, al igual que el resto de partes, fueron traídas desde España en barco.

10.- Cenar en Hasta la vuelta, señor

En el corazón del Centro Histórico de Quito, se ubica este restaurante inspirado en el rescate de las raíces y tradiciones quiteñas con el misterioso encanto de las leyendas y el recuerdo de la legendaria noche de bohemia cuando el fraile prometió al crucificado…. De ahí su nombre: Hasta la vuelta, Señor…

Además de su menú típico, llama la atención su colorida decoración. Es un lugar recomendado para dialogar mientras se disfruta de la gastronomía nacional. Está en el interior del Palacio Arzobispal, frente a la Plaza Grande, en las calles Chile y Venezuela.

Hasta la vuelta, Señor se ubica en el interior del Palacio Arzobispal.

Fuente: https://vamoaviajarblog.wordpress.com/2017/12/04/24-horas-en-el-centro-historico-de-quito/

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Posted in Food, Quito Colonial, Restaurant, on 8 febrero 2018, by , 0 Comments

Es un guiso pero se lo conoce como seco. Se puede elaborar con chivo o borrego, pollo, entre otros cárnicos y tiene variante regionales. Sin embargo, el nombre que hace contradicción con su apariencia tiene orígenes inciertos. Una de las teorías más reconocidas, dice el chef e investigador Esteban Tapia, es que el término proviene de un vocablo inglés. A principios del siglo XX, en Santa Elena se preparaba este platillo en abundancia a los ingleses que se radicaron por trabajo en petroleras. La tradición ecuatoriana de servir sopa y segundo también lo consumían los ingleses y empezaron a llamarlo ‘second’ para hablar del segundo platillo, dice Tapia. El vocablo se difundió, se abrevió y se adaptó al vocablo ecuatoriano como ‘seco’. El chef e instructor en Culinary Art’s School, Felipe Capelo cuenta que se creó como una derivación del cabrito peruano y se ha adaptado a las regiones con tónicas dulces por el uso de panela en la Sierra y sabores más amargos en la Costa por una fuerte presencia de la cerveza. Este platillo es de origen ancestral y parte originalmente de una fermentación den chicha. Tapia indica que la carne debe dejarse fermentar ya sea en cerveza, chicha de jora o jugo de naranjilla. Este hecho no es solo para eliminar el tufo que suele tener la carne de chivo o borrego sino que esto permite que los nutrientes de la carne se asimilen y se ablande el producto.

Fuente: http://www.elcomercio.com/sabores/origen-nombre-secodechivo-gastronomia-receta.html. 

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Posted in Quito Colonial, on 19 enero 2018, by , 0 Comments

Amalgama, mestizaje o mezcla son tres palabras que identifican al Quito de los albores del siglo XXI. Aquella ciudad bordea los 2,5 millones de habitantes, distribuidos en familias con hijos nacidos en este terruño y con padres procedentes de otros cantones y provincias.

De esta forma se generan relaciones familiares y comunitarias que tienen al mestizaje como protagonista. Son ellos quienes se distribuyen en la geografía de lo que, ahora, es el Distrito Metropolitano. Pero se trata de un proceso que se fue configurando desde inicios de 1960.

Esta cotidianidad, con realidades y personajes que son fruto de esta transición social, la registra el escritor Jorge Icaza (Quito, 1906-1978) en su novela ‘El chulla Romero y Flores’publicada en 1958, obra literaria cuyo eje central analiza las contradicciones propias del mestizaje.

Una obra que da cuenta de dos épocas marcadas de Quito, aquella que cierra los años conventuales que giran en torno a lo que es en la actualidad el Centro Histórico y aquella de una ciudad en expansión que incorpora por el norte el sector de La Mariscal y, por el sur, barrios como la Villa Flora.

Es que Luis Alfonso Romero y Flores es mestizo, realidad generada por su madre indígena y su difunto padre y patrono de su progenitora. Esta realidad le genera vergüenza, lo que aplaca hallando asidero en esa media raíz española plasmada es su doble apellido.

‘Chulla’ por las apariencias propias que se fueron generando al ser parte de la clase media que va buscando identidad en una ciudad que empieza a crecer, que se expande y que desemboca en relaciones sociales más complejas. La apariencia es la principal arma para que Luis Alfonso viva y sobreviva. Añadiendo su opción por la vida bohemia.

Lo que plantea Silvia Madero al analizar la novela: “Jorge Icaza coloca a su personaje principal solo, como un mestizo de clase media que siente pertenecer a la sociedad, pues no es indígena ni tampoco es blanco. Es señalado por su mezcla hiriente… El chulla Romero y Flores lidia con su dualidad desde que se erige a la vida, es la sombra que lo acompaña”.

Con críticas sociales y literarias, la obra de Icaza cuenta una historia que no hace más que registrar parte de la identidad quiteña.

Pero a la vez esta novela era el registro de, como lo llama Fernando Carrión, uno de los símbolos identitarios de Quito, que en la actualidad ya no se encuentran. En estos momentos no hay un símbolo ni un personaje que logre identificar al quiteño como lo hacían antes el chulla Romero y Flores o la Torera, personajes que décadas atrás estaban vinculados a la clase media y al aparato estatal. Así lo señala en su artículo ‘Los Quitos del siglo XXI’, escrito en el 2003.

Fuente original: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/chulla-romero-y-flores/historia#.WlOeyHCgdPY

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Posted in Quito Colonial, on 10 enero 2018, by , 0 Comments

Caminar por la calle Juan de Dios Morales, más conocida como La Ronda, supone hacer un viaje en el tiempo. Ya lo dijo, en 1996, Fernando Jurado en su libro: ‘La Ronda, Nido de Poetas y Cantores’. Según el investigador, esta emblemática calle estuvo perfectamente trazada en 1480, cuando los incas llegaron por primera vez a Quito. De allí hasta hoy en día, su transformación ha sido, por demás, sorprendente.

La influencia andaluza en la construcción de sus calles estrechas, de sus casas que se miran entre sí por sus balcones y de sus patios interiores, es notoria. No en vano se la compara con la calle Sierpes, una de las tradicionales hileras de edificaciones de Sevilla. La dualidad, claro oscuro, día y noche, juego y bohemia, es claramente marcada en La Ronda. Cuando el sol ilumina al Centro Histórico, la  calle Juan de Dios Morales abre su baúl de recuerdos.

Mauricio Gallegos, luciendo una túnica colorida a manera de faldón  y un sombrero, da la bienvenida a los curiosos. El artista, de piel trigueña y ojos cafés oscuros, se convierte en el ‘pregonero Juancho’. “Buenos días mis vecinos, bienvenidos a La Ronda”. El artista, perteneciente al colectivo Recrearte, interactúa con las personas y los guía en su búsqueda de su “niño interior”. Con los trompos, el hula-hula, el sapo y la rayuela, Juancho intenta recordar a ese ‘Quito del ayer’.

Calle abajo, los adoquines compactos  resaltan las fachadas de las casas piponas (con paredes sobresalientes). Para refrescarse, nada mejor que una tradicional y casi extinta ‘beba’. Efraín Siranaula, cuencano residente en Quito de 74 años, las ofrece. “Cuestan 0,50 centavos y vienen de diferentes sabores”, dice mientras acomoda su estantería y recuerda, con nostalgia, su antiguo oficio.

El adulto mayor confesó que, antes de la regeneración de La Ronda, en el 2006, se desempeñaba como ‘fregador’. Pablo Santamaría, de 15 años, trata de hacer ‘la maravilla’, mientras escucha, con el filo del oído, la historia del Taita Pendejadas. Los oficios tradicionales de La Ronda también forman parte de esta búsqueda y rescate del pasado tradicional. Luis López (sombrerero) y Humberto Silva (hojalatero) son ejemplos vivos de aquello.

Sus talleres y oficios sobrevivieron, con valentía, a la degeneración que sufrió la calle desde que se instaló la Terminal Terrestre del Cumandá, en la década del setenta. Ya por la noche, el ambiente bohemio, característico de los artistas y poetas que habitaron en esta calle, toma fuerza, especialmente los fines de semana. Los ochenta establecimientos, entre bares, restaurantes y sitios para darse un ‘gustito’, se abarrotan de personas a partir de las 19:00. Uno de los locales más llamativos es La Casa de los Geranios. Su propietario, Miguel Mafla, es sastre de profesión. Hace ocho años adquirió la propiedad y confiesa que en ese tiempo “nadie se atrevía a comprar una casa por aquí”.

Luego de la restauración, las gradas de piedra, en la entrada, y las paredes laterales volvieron a tomar vida. A su predio lo transformó en restaurante y en la parte posterior adecuó su taller. El artesano, de 71 años, espera “que su casa dure otros 300 años”. Los letreros que ofertan canelazos, empanadas gigantes, frutillas con chocolate, se mezclan con los espectáculos artísticos que se presentan en la casa 307.

Los bohemios, los amantes del arte, los sedientos de tradición, pueden encontrarlo todo en dos cuadras: desde el puente de los Gallinazos, en la Maldonado, hasta el nuevo puente de la Venezuela. En esos 400 metros se concentra la esencia misma de Quito.

Fuente: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/la-ronda/historia#.WlOcr3CgdPY

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Posted in Quito Colonial, on 5 enero 2018, by , 0 Comments

Al pasacalle Tuna Quiteña lo miran como un capítulo de la biografía de Quito. Uno que narra parte de la década de los años 40 y 50. Aquellos años cuando la ciudad tenía por norte la avenida Colón y el sur no pasaba de La Magdalena.

Es un corto relato musicalizado de la bohemia, de los bohemios, de la cotidianidad y tradiciones de una ciudad que rompía el cascarón y se extendía.  La ciudad crecía. Sectores como La Mariscal abandonaban definitivamente la ruralidad y su geografía se trazaba con calles, bordillos y manzanas, acompañados de los postes para la energía eléctrica.

Esta minibiografía musical tiene un creador: Leonado Páez Maldonado, que vivió entre 1912 y 1991. En ocho versos, se habla del enamoramiento, los bailes, los sitios y personajes populares de esos años. “En el santo del Quintana / vamos a pasar muy bien / asomate con tu hermana / para tomar lo que den.”

Cuando el pianista, compositor y arreglista riobambeño Paco Godoy comenzó a indagar sobre esta pieza musical, vio la necesidad de remitirse al Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Ahí vio que, como figurativo, tuna es aquella vida libre y vagabunda y, como adjetivo o sinónimo, es lo más cercano a pícaro.

Con  este antecedente, precisa que en el caso de la tuna quiteña, Páez Maldonado da cuenta que no es así: “Es tuna de gente buena / es una tuna de la legal”. Godoy precisa que el personaje de la canción es Avelino Quintana, propietario del bar El Desafío, ubicado en plena avenida 24 de Mayo, a la altura de la Imbabura. Para más señas, junto a lo que fue el Teatro Puerta del Sol. Hasta allá llegaban los chullas a conversar del día a día quiteño, de las noticias políticas, de los amigos y, sin duda, de los amores.

Ramiro Mosquera Regalado, periodista y autor de un libro sobre crónicas de Quito, dice que el bar El Desafío estaba entre las huecas de la ciudad. Un punto de encuentro que muchas  veces terminaba en Las Huacas, típico restaurante que en esos años estaba lejos, en lo que es ahora la avenida 10 de Agosto y Naciones Unidas.

Hasta allá iban a pasar el chuchaqui. En tranvía, llegaban a la Colón y 10 de Agosto y desde ahí, en mula o a pie, llegaban a Las Huacas. Hornado, tortillas, cueros y otros aperitivos criollos eran parte del menú para los amanecidos. No faltaban ni la rockola ni la cerveza. Y cómo hablar de farra sin referirse a los ‘curcos’ Victor, quiteñísima referencia del dúo conformado por los hermanos Andrade, invitados de casi todas las reuniones de los bohemios capitalinos.

La descripción de ese Quito también da cuenta de otros sitios tradicionales de la ciudad. El Sapo de Agua (La Ronda), El Cebollar (El Tejar) o Guangacalle (sector de La Alameda). Sitios en donde las quiteñas esperaban en el balcón la llegada del sereno o de la coqueta invitación a la salida de fin de semana.

Del Quito del Quintana, del que habló Leonardo Páez, quedan las casas coloniales y republicanas del Centro Histórico, aquel de las calles Benalcázar, Imbabura o Mejía. El valor de la canción es que sin ser historia cuenta parte de ella. Esto es lo que destaca el antropólogo Víctor Cifuentes, sin dejar de señalar que, con el paso del tiempo, van perdiendo ese valor.

Fuente: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/la-tuna-quitena/historia#.Wk_sAHCgdPZ

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Posted in Cook, Food, Quito Colonial, Restaurant, on 21 diciembre 2017, by , 0 Comments

La historia de la cocina ecuatoriana está representada por platillos que permanecen hasta hoy en las mesas de los hogares. Son recetas que disfrutan todas las clases que han conformado la sociedad ecuatoriana por varias generaciones. El escritor, poeta e investigador culinario Julio Pazos decidió destacar estas preparaciones en su libro ‘Elogio de las cocinas del Ecuador’, de reciente presentación. El ‘elogio’ que propone Pazos es una grata sorpresa, una visión refrescante sobre el lugar de donde vienen las costumbres culinarias y todo lo que está alrededor de los platillos que se consumen con gusto. Reconocer el pasado que hay detrás de las recetas es responsabilidad de comensales y cocineros por igual. En todo momento, el libro es una máquina del tiempo que rescata el contexto en que se preparan los platos patrimoniales ecuatorianos. El texto de Pazos está planteado como un recorrido por los platos ecuatorianos desde la experiencia e investigación del autor, para difundir la vigencia de ciertas elaboraciones o su importancia dentro de la gastronomía local. “La cocina que predomina en el Ecuador es la interregional (…) Mas conviene insistir en que hablamos de la tradición viva y no de un rescate ni reconstrucción de ese factor”, menciona Pazos en su texto para fijar una línea conductora en la que las recetas del país son pasado y vigencia.

La lista de platos que plantea Pazos es extensa, pero varios se destacan por su trascendencia social, como la fanesca. El potaje que reaparece en restaurantes y hogares en Semana Santa es, para el autor, el plato patrimonial más emblemático. Este guiso reúne los sabores lampreados por su combinación salada con una guarnición dulce del plátano frito y las empanadas. Pero lo que resalta el autor es su simbología netamente barroca. Cuatro características hacen del plato un representante de esa época: la abundancia, porque lleva variedad de géneros; la fusión, porque mezcla vegetales con lácteos; la decoración sofisticada, por los adornos con empanaditas, tiras de pimiento, huevo duro y sus colores, así como el hecho de que tiene un complemento de celebración religiosa con el pescado como símbolo de Cristo. Este potaje y la colada morada se consideran representantes de la cocina ‘blanca’, pese a que son preparaciones que ingresaron desde las cocinas indígenas, señala Pazos al citar la investigación de Mary J. Weismantel -en su estudio realizado en la comunidad de Zumbahua en Cotopaxi-. A pesar del paso del tiempo y la variedad de recetas que se han creado alrededor de la fanesca, este plato continúa reuniendo a las familias ecuatorianas alrededor de la mesa. Bajo esta misma línea barroca, Pazos recuerda el rosero, un comeibebe con mote, piña, babaco, chamburo y naranjilla. El aditamento de celebración religiosa está en su consumo en fiestas como el Corpus Cristi. La fusión no se da solo por los sabores y olores sino por los actos de comer y beber. Pazos alude que ese refresco en el siglo XVIII pudo ser la contraparte del champús.

 

En tiempos prehispánicos la preparación del rosero tenía menos ingredientes pues únicamente se combinaba la harina de maíz con el mote y se obtenía el dulce con el yahuarmishky. Mientras que en el siglo XIX el rosero gozó de gran consideración y se convirtió en una de la bebidas predilectas de, por ejemplo, Manuela Sáenz, quien lo alude en sus cartas que hoy forman parte del Epistolario de la patriota quiteña en el Banco Central. Si bien el rosero no ha desaparecido del todo, Pazos hace notar que se prepara mayormente en festivales gastronómicos y ciertos locales de alta cocina que intentan crear nuevas versiones del refresco. Las humitas, por otro lado, no se han perdido aunque sí ha disminuido su preparación dentro de los hogares. Se las conoce también como choclotanda, “voz quichua que significa pan de choclo por su forma de bollo”. Esta preparación se extiende a lo largo de la región donde se desarrolló la cultura incaica como Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia. Ampliar Las humitas se consumen al desayuno o en la tarde con café. Pazos también comenta las anotaciones del jesuita italiano Mario Cicala sobre la cocina de la Presidencia de Quito. A mediados del siglo XVIII, Cicala relata, entre otras innumerables curiosidades, que la cocción al vapor de las humitas se hacía con una cama de carrizo y paja en una paila. Con la llegada de la olla tamalera, se facilitó la preparación de la humita, que antes solo se rellenaba con queso fresco; hoy se le añade sabor con un condumio de cebolla, queso y achiote. Entre anécdotas, Pazos evoca el encuentro de Richard Nixon –en calidad de vicepresidente de EE.UU.- con la cocina ecuatoriana. Degustó la humita en un menú que le ofreció el presidente Galo Plaza. Le pareció deliciosa la masa, “pero la lechuga de la cubierta estuvo muy áspera para tragarla”, según la frase que se recoge en el libro ‘Saber Alimentarse’ de Plutarco Naranjo. Turismo gastronómico ​ El libro también es un viaje en que Pazos ve a la cocina como patrimonio dinamizador del turismo culinario que, hoy, es una creciente tendencia.

La Organización Mundial del Turismo señala –en el último informe sobre viajes con fines gastronómicos- que la cocina es el tercer motivo de viajes, precedido por razones culturales y de naturaleza. Pazos apunta a una actividad poco explotada en el país y propone rutas que fusionan arte, arqueología y actividad culinaria en Cañar y Azuay, el noroccidente de Quito o el río Napo, por ejemplo. No solo importa comer bien, sino entender de dónde vienen y qué representan los ingredientes para las comunidades o ciudades que se visitan. Pazos, sin llegar a establecer una ruta dulce, señala un camino para encontrar los mejores postres tradicionales de Quito. Elabora un listado de locales que ofertan quesadillas, aplanchados, mistelas, rosquetes, higos enconfitados, entre otros postres del siglo XVIII.

Fuente: http://www.elcomercio.com/tendencias/viaje-cocina-ecuatoriana-historia-juliopazos.html#.WYhj3TW0PIg.facebook

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Posted in Quito Colonial, on 19 diciembre 2017, by , 0 Comments

La noche del 16 de diciembre se encendió el pesebre gigante, el más grande de América Latina, ubicado en el Panecillo, en el Centro de Quito.

Mauricio Rodas, alcalde Metropolitano, inició la cuenta regresiva y al llegar al cerro, el Pesebre se iluminó bajo la mirada de todos quienes llegaron hasta el Itchimbía para participar de esta celebración tradicional en nuestra ciudad.

“Quiero decirles que esto es parte de una tradición quiteña que ha ido creciendo, año a año, Somos un pueblo profundamente católico que disfruta la Navidad en la unidad de su familia y que además, aprovecha estas fiestas para desear lo mejor en el próximo año” manifestó Rodas.

El pesebre se enciende cada diciembre, el día de inicio de la novena, para dar la bienvenida a la Navidad y de esta manera iluminar las noches quiteñas.

Está compuesto por 9 figuras de entre 10 y 35 metros de alto. Los Reyes Magos, San José, los animales, el niño Jesús en su cuna y una estrella de Belén, las cuales acompañan a la virgen de Legarda conocida como de El Panecillo que representa a María.

Un total de 19.200 bombillos y 660 mangueras led iluminan el Pesebre del Panecillo

Adornos de Navidad como campanas y renos han sido localizados en 12 lugares de la ciudad, así Quito comienza a vivir las fiestas de Navidad y la despedida del Año 2017.

Fuente: https://www.metroecuador.com.ec/ec/noticias/2017/12/17/quito-se-encendio-pesebre-mas-grande-latinoamerica.html

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Posted in Cook, Quito Colonial, Restaurant, on 25 octubre 2017, by , 0 Comments

El país entero percibe aromas de mortiño, frutos rojos, piña, moras de Tisaleo, clavo de olor y la flor de la canela de la bella Amazonía, el Ishpingo. El feriado del Día de los Difuntos está cerca y las familias ecuatorianas esperan con ansías sus días de descanso para reunirse y preparar en conjunto la tradicional Colada Morada y las Guaguas de Pan.

Entre las tareas repartidas en la cocina y la sabiduría de nuestras abuelas y madres que emplean sus mejores secretos es necesario recordar que esta tradicional preparación la llevamos en la sangre desde épocas prehispánicas.

La primera Colada Morada se preparaba como un ofrecimiento sagrado a los seres queridos que se encontraban en el más allá y se la realizaba las épocas lluviosas (octubre – noviembre), cuando el agua refrescaba los campos.

Con el objetivo de conectarse con el más allá, se utilizaba el maíz negro, al considerarse como la fuente de donde había sido creado el hombre. También se relata la historia del uso de la sangre de llama, al tratarse de un animal sagrado. Poco a poco sus componentes fueron cambiando y se fueron agregando con la llegada de los españoles y la religión católica.

Hoy en día la Colada Morada es una bebida festiva, que endulza los hogares de todos los ecuatorianos, con aromas y sabores de frutos y especias. Moras, mortiños, naranjilla, frutillas, babaco, ataco, arrayán, cedrón, hierba luisa, hoja de naranjo, canela, clavo de olor, pimienta dulce y el aromático ishpingo son los ingredientes principales.

Con orgullo de nuestras tradiciones ancestrales, este día miércoles 21 de octubre se celebra una vez más en la ciudad de Quito el reconocimiento a los 18 establecimientos turísticos que conservan y difunden la tradicional Colada Morada.

En una alianza con la Alcaldía de Quito, Quito Turismo y el Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana (CIGE) de la Universidad de las Américas, se llevará a cabo un evento de alto nivel, en el que los hoteles y los restaurantes premiados ofrecerán sus mejores recetas a los invitados. Además, el CIGE propone nuevas alternativas de cocina contemporánea con el mortiño, para incentivar a los ecuatorianos a utilizar este tesoro andino durante todo el año.

Por Carolina Pérez
Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana de la UDLA

Fuente: http://www.ecuadortv.ec/noticias/turismo/colada-morada-una-bebida-ancestral

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