Quito

Posted in Restaurant, on 15 febrero 2018, by , 0 Comments

(Juan León Mera Martínez; Ambato, Ecuador, 1832 – id., 1894) Escritor ecuatoriano. Heredero y admirador del romanticismo francés, en particular de Chateaubriand, se le atribuye el papel de fundador de la crítica literaria en su país. Miembro del Partido Conservador, fue senador, gobernador en dos ocasiones y ministro del Tribunal de Cuentas. Fundó la Academia ecuatoriana y fomentó la conciencia literaria criollista. Esta preocupación por la cultura criolla se refleja en su Ojeada histórico-crítica sobre la poesía ecuatoriana (1868) y en una carta que dirigió al erudito español Menéndez Pelayo en 1883. Escribió la letra del himno nacional ecuatoriano, los versos de Melodías indígenas (1858) y la leyenda inca en verso La virgen del Sol (1861). Su obra más popular, Cumandá o un drama entre salvajes (1879), se inscribe en el género del melodrama y narra los amores frustrados de los hermanos indios Carlos y Cumandá, ignorantes de su parentesco.


Juan León Mera

De familia humilde, fue abandonado por su padre antes de nacer, y se formó de modo autodidacta, al amparo de la ternura maternal; ya en Quito, aprendió pintura y escribió en los periódicos. Se empleó en Correos, llegó a diputado con tendencias liberales y acabó por ocupar la presidencia del Senado.

Sin embargo, sus primeras inclinaciones políticas sufrieron progresivamente una evolución que lo acercaron a Gabriel García Moreno, a quien había atacado antaño, y no tardó en convertirse en el más apasionado de los propagandistas católicos. Por esta razón fue primero amigo y después enemigo irreconciliable de su paisano Juan Montalvo, quien le atacó desdeñosamente y sin piedad. Al contrario de Montalvo, Juan León Mera fue un firme defensor de la aristocracia criolla que reconocía, en la existencia de lo indígena, un camino para tomar conciencia “de su historicidad, su conflictivo ser y la crisis de su ideología”.

Influido esencialmente por José Zorrilla en el terreno lírico, llevó los acentos románticos al tema indígena. Como poeta publicó, además de un volumen de Poesías (1858), el poema La Virgen del Sol (1861), leyenda indígena que es una verdadera novela en verso y un antecedente indudable de Cumandá. Esta obra ponía en práctica las doctrinas que el escritor mantenía con respecto a la poesía indigenista y nacional, y que para él significaban la posibilidad de una americanización de la literatura. A estos títulos debe añadirse otra leyenda en verso de tema colonial, Mazorra (1875), y Melodías indígenas (1887, con una reedición de La Virgen del Sol). Mera fue también el autor de la letra del himno nacional del Ecuador.

Como prosista, Juan León Mera ofrece diversos aspectos: desde el biográfico (Cevallos, García Moreno y otros), hasta el critico (Ojeada histórico-crítica sobre la poesía ecuatoriana, 1868, en la que mostró un pronunciado interés por la lírica quichua, y La Dictadura y la Restauración), pasando por el de novelista, que es, sin duda, el que da más relieve a su personalidad. Su novela Cumandá o un drama entre salvajes (1879) le aseguró un sólido prestigio, pero es posible que a la larga sean reconocidas como de mayor interés literario algunas de sus narraciones breves, de carácter costumbrista, como Los novios de una aldea ecuatoriana(1872), Entre dos tías y un tío y Un matrimonio inconveniente.

Cumandá o un drama entre salvajes

En la historia de la literatura ecuatoriana, Cumandá o un drama entre salvajesmarca la iniciación de la novela, a la vez que significa la culminación del romanticismo como asimilación de escuela literaria. Aunque el argumento de Cumandá recuerda mucho al de Atala de Chateaubriand, la verdad es que tiene bastantes perfiles que le son propios.

La obra relata el amor imposible de dos jóvenes en la selva virgen del Ecuador, exótico marco que el autor describe con detalle, mostrando a los pueblos indígenas orientales como bárbaros y salvajes. Cumandá, la heroína, que vive entre los salvajes indígenas que admiran su belleza; Carlos, el amado, cristiano blanco que se enamora platónicamente de Cumandá; y el Padre Orozco, misionero religioso, que al final resulta ser el padre de los tiernos amantes, son los personajes más caracterizados.

Pero Cumandá es sobre todo la novela de la selva, de la naturaleza tropical. La selva es el personaje principal de la obra; frente al protagonismo del paisaje, los personajes parecen moverse como en un segundo término. Las descripciones que Juan León Mera hace de la naturaleza primitiva del Oriente ecuatoriano o el relato de las fiestas entre las tribus salvajes son episodios que confieren interés permanente a la novela.

Escrito en irreprochable estilo y alejado del costumbrismo, el relato propone la posibilidad de un encuentro entre lo aborigen y lo culto, entre el caos de la selva y el orden de la formación cristiana. La novela entusiasmó a Juan Valera y a muchos de sus coetáneos por el conocimiento que revela de la selva y del indio, pero está muy lejos de producir la misma impresión en la crítica moderna.

Fuente: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mera.htm

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Posted in Quito Colonial, on 10 enero 2018, by , 0 Comments

Caminar por la calle Juan de Dios Morales, más conocida como La Ronda, supone hacer un viaje en el tiempo. Ya lo dijo, en 1996, Fernando Jurado en su libro: ‘La Ronda, Nido de Poetas y Cantores’. Según el investigador, esta emblemática calle estuvo perfectamente trazada en 1480, cuando los incas llegaron por primera vez a Quito. De allí hasta hoy en día, su transformación ha sido, por demás, sorprendente.

La influencia andaluza en la construcción de sus calles estrechas, de sus casas que se miran entre sí por sus balcones y de sus patios interiores, es notoria. No en vano se la compara con la calle Sierpes, una de las tradicionales hileras de edificaciones de Sevilla. La dualidad, claro oscuro, día y noche, juego y bohemia, es claramente marcada en La Ronda. Cuando el sol ilumina al Centro Histórico, la  calle Juan de Dios Morales abre su baúl de recuerdos.

Mauricio Gallegos, luciendo una túnica colorida a manera de faldón  y un sombrero, da la bienvenida a los curiosos. El artista, de piel trigueña y ojos cafés oscuros, se convierte en el ‘pregonero Juancho’. “Buenos días mis vecinos, bienvenidos a La Ronda”. El artista, perteneciente al colectivo Recrearte, interactúa con las personas y los guía en su búsqueda de su “niño interior”. Con los trompos, el hula-hula, el sapo y la rayuela, Juancho intenta recordar a ese ‘Quito del ayer’.

Calle abajo, los adoquines compactos  resaltan las fachadas de las casas piponas (con paredes sobresalientes). Para refrescarse, nada mejor que una tradicional y casi extinta ‘beba’. Efraín Siranaula, cuencano residente en Quito de 74 años, las ofrece. “Cuestan 0,50 centavos y vienen de diferentes sabores”, dice mientras acomoda su estantería y recuerda, con nostalgia, su antiguo oficio.

El adulto mayor confesó que, antes de la regeneración de La Ronda, en el 2006, se desempeñaba como ‘fregador’. Pablo Santamaría, de 15 años, trata de hacer ‘la maravilla’, mientras escucha, con el filo del oído, la historia del Taita Pendejadas. Los oficios tradicionales de La Ronda también forman parte de esta búsqueda y rescate del pasado tradicional. Luis López (sombrerero) y Humberto Silva (hojalatero) son ejemplos vivos de aquello.

Sus talleres y oficios sobrevivieron, con valentía, a la degeneración que sufrió la calle desde que se instaló la Terminal Terrestre del Cumandá, en la década del setenta. Ya por la noche, el ambiente bohemio, característico de los artistas y poetas que habitaron en esta calle, toma fuerza, especialmente los fines de semana. Los ochenta establecimientos, entre bares, restaurantes y sitios para darse un ‘gustito’, se abarrotan de personas a partir de las 19:00. Uno de los locales más llamativos es La Casa de los Geranios. Su propietario, Miguel Mafla, es sastre de profesión. Hace ocho años adquirió la propiedad y confiesa que en ese tiempo “nadie se atrevía a comprar una casa por aquí”.

Luego de la restauración, las gradas de piedra, en la entrada, y las paredes laterales volvieron a tomar vida. A su predio lo transformó en restaurante y en la parte posterior adecuó su taller. El artesano, de 71 años, espera “que su casa dure otros 300 años”. Los letreros que ofertan canelazos, empanadas gigantes, frutillas con chocolate, se mezclan con los espectáculos artísticos que se presentan en la casa 307.

Los bohemios, los amantes del arte, los sedientos de tradición, pueden encontrarlo todo en dos cuadras: desde el puente de los Gallinazos, en la Maldonado, hasta el nuevo puente de la Venezuela. En esos 400 metros se concentra la esencia misma de Quito.

Fuente: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/la-ronda/historia#.WlOcr3CgdPY

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Posted in Quito Colonial, on 5 enero 2018, by , 0 Comments

Al pasacalle Tuna Quiteña lo miran como un capítulo de la biografía de Quito. Uno que narra parte de la década de los años 40 y 50. Aquellos años cuando la ciudad tenía por norte la avenida Colón y el sur no pasaba de La Magdalena.

Es un corto relato musicalizado de la bohemia, de los bohemios, de la cotidianidad y tradiciones de una ciudad que rompía el cascarón y se extendía.  La ciudad crecía. Sectores como La Mariscal abandonaban definitivamente la ruralidad y su geografía se trazaba con calles, bordillos y manzanas, acompañados de los postes para la energía eléctrica.

Esta minibiografía musical tiene un creador: Leonado Páez Maldonado, que vivió entre 1912 y 1991. En ocho versos, se habla del enamoramiento, los bailes, los sitios y personajes populares de esos años. “En el santo del Quintana / vamos a pasar muy bien / asomate con tu hermana / para tomar lo que den.”

Cuando el pianista, compositor y arreglista riobambeño Paco Godoy comenzó a indagar sobre esta pieza musical, vio la necesidad de remitirse al Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Ahí vio que, como figurativo, tuna es aquella vida libre y vagabunda y, como adjetivo o sinónimo, es lo más cercano a pícaro.

Con  este antecedente, precisa que en el caso de la tuna quiteña, Páez Maldonado da cuenta que no es así: “Es tuna de gente buena / es una tuna de la legal”. Godoy precisa que el personaje de la canción es Avelino Quintana, propietario del bar El Desafío, ubicado en plena avenida 24 de Mayo, a la altura de la Imbabura. Para más señas, junto a lo que fue el Teatro Puerta del Sol. Hasta allá llegaban los chullas a conversar del día a día quiteño, de las noticias políticas, de los amigos y, sin duda, de los amores.

Ramiro Mosquera Regalado, periodista y autor de un libro sobre crónicas de Quito, dice que el bar El Desafío estaba entre las huecas de la ciudad. Un punto de encuentro que muchas  veces terminaba en Las Huacas, típico restaurante que en esos años estaba lejos, en lo que es ahora la avenida 10 de Agosto y Naciones Unidas.

Hasta allá iban a pasar el chuchaqui. En tranvía, llegaban a la Colón y 10 de Agosto y desde ahí, en mula o a pie, llegaban a Las Huacas. Hornado, tortillas, cueros y otros aperitivos criollos eran parte del menú para los amanecidos. No faltaban ni la rockola ni la cerveza. Y cómo hablar de farra sin referirse a los ‘curcos’ Victor, quiteñísima referencia del dúo conformado por los hermanos Andrade, invitados de casi todas las reuniones de los bohemios capitalinos.

La descripción de ese Quito también da cuenta de otros sitios tradicionales de la ciudad. El Sapo de Agua (La Ronda), El Cebollar (El Tejar) o Guangacalle (sector de La Alameda). Sitios en donde las quiteñas esperaban en el balcón la llegada del sereno o de la coqueta invitación a la salida de fin de semana.

Del Quito del Quintana, del que habló Leonardo Páez, quedan las casas coloniales y republicanas del Centro Histórico, aquel de las calles Benalcázar, Imbabura o Mejía. El valor de la canción es que sin ser historia cuenta parte de ella. Esto es lo que destaca el antropólogo Víctor Cifuentes, sin dejar de señalar que, con el paso del tiempo, van perdiendo ese valor.

Fuente: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/la-tuna-quitena/historia#.Wk_sAHCgdPZ

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Posted in Quito Colonial, on 19 diciembre 2017, by , 0 Comments

La noche del 16 de diciembre se encendió el pesebre gigante, el más grande de América Latina, ubicado en el Panecillo, en el Centro de Quito.

Mauricio Rodas, alcalde Metropolitano, inició la cuenta regresiva y al llegar al cerro, el Pesebre se iluminó bajo la mirada de todos quienes llegaron hasta el Itchimbía para participar de esta celebración tradicional en nuestra ciudad.

“Quiero decirles que esto es parte de una tradición quiteña que ha ido creciendo, año a año, Somos un pueblo profundamente católico que disfruta la Navidad en la unidad de su familia y que además, aprovecha estas fiestas para desear lo mejor en el próximo año” manifestó Rodas.

El pesebre se enciende cada diciembre, el día de inicio de la novena, para dar la bienvenida a la Navidad y de esta manera iluminar las noches quiteñas.

Está compuesto por 9 figuras de entre 10 y 35 metros de alto. Los Reyes Magos, San José, los animales, el niño Jesús en su cuna y una estrella de Belén, las cuales acompañan a la virgen de Legarda conocida como de El Panecillo que representa a María.

Un total de 19.200 bombillos y 660 mangueras led iluminan el Pesebre del Panecillo

Adornos de Navidad como campanas y renos han sido localizados en 12 lugares de la ciudad, así Quito comienza a vivir las fiestas de Navidad y la despedida del Año 2017.

Fuente: https://www.metroecuador.com.ec/ec/noticias/2017/12/17/quito-se-encendio-pesebre-mas-grande-latinoamerica.html

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Posted in Cook, Quito Colonial, Restaurant, on 25 octubre 2017, by , 0 Comments

El país entero percibe aromas de mortiño, frutos rojos, piña, moras de Tisaleo, clavo de olor y la flor de la canela de la bella Amazonía, el Ishpingo. El feriado del Día de los Difuntos está cerca y las familias ecuatorianas esperan con ansías sus días de descanso para reunirse y preparar en conjunto la tradicional Colada Morada y las Guaguas de Pan.

Entre las tareas repartidas en la cocina y la sabiduría de nuestras abuelas y madres que emplean sus mejores secretos es necesario recordar que esta tradicional preparación la llevamos en la sangre desde épocas prehispánicas.

La primera Colada Morada se preparaba como un ofrecimiento sagrado a los seres queridos que se encontraban en el más allá y se la realizaba las épocas lluviosas (octubre – noviembre), cuando el agua refrescaba los campos.

Con el objetivo de conectarse con el más allá, se utilizaba el maíz negro, al considerarse como la fuente de donde había sido creado el hombre. También se relata la historia del uso de la sangre de llama, al tratarse de un animal sagrado. Poco a poco sus componentes fueron cambiando y se fueron agregando con la llegada de los españoles y la religión católica.

Hoy en día la Colada Morada es una bebida festiva, que endulza los hogares de todos los ecuatorianos, con aromas y sabores de frutos y especias. Moras, mortiños, naranjilla, frutillas, babaco, ataco, arrayán, cedrón, hierba luisa, hoja de naranjo, canela, clavo de olor, pimienta dulce y el aromático ishpingo son los ingredientes principales.

Con orgullo de nuestras tradiciones ancestrales, este día miércoles 21 de octubre se celebra una vez más en la ciudad de Quito el reconocimiento a los 18 establecimientos turísticos que conservan y difunden la tradicional Colada Morada.

En una alianza con la Alcaldía de Quito, Quito Turismo y el Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana (CIGE) de la Universidad de las Américas, se llevará a cabo un evento de alto nivel, en el que los hoteles y los restaurantes premiados ofrecerán sus mejores recetas a los invitados. Además, el CIGE propone nuevas alternativas de cocina contemporánea con el mortiño, para incentivar a los ecuatorianos a utilizar este tesoro andino durante todo el año.

Por Carolina Pérez
Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana de la UDLA

Fuente: http://www.ecuadortv.ec/noticias/turismo/colada-morada-una-bebida-ancestral

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