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En Quito lo antiguo no pierde vigencia, encuentra la manera de adaptarse a los nuevos tiempos.

Posted in Restaurant, on 3 octubre 2019, by , 0 Comments

El antropólogo urbano e investigador semiótico cultural Diego Velasco señala que la bebida nació en la época del incanato con la ceremonia Aya Marcay Quilla, que significa «mes de ‘cargar’ a los muertos».

El ritual, según el calendario andino, se celebró un periodo intermedio entre el Coya Raymi, equinoccio de septiembre; y el Cápac Raymi, solsticio de diciembre. Diversas investigaciones realizadas sobre el Aya Marcay Quilla citan la obra ‘Nueva Corónica y Buen Gobierno’ del peruano Guamán Poma de Ayala. En este texto, redactado hacia 1615, describe la conexión de los Andes con sus difuntos.

Según esta crónica, los incas solían momificar a sus muertos sentándolos con los pies cruzados y las manos sobre el pecho. En noviembre, los familiares visitaban las moradas- conocidas como ‘pucullos’- y extraían sus cuerpos para bañarlos y vestirlos con los mejores trajes que tuvieron en vida.

En una procesión los familiares paseaban a sus difuntos a la vista del pueblo. «Lo hacían como una manera de no-olvido a la memoria de sus difuntos. No para exhibirlos, sino para revitalizar lo que hicieron en vida. No lloraban; ellos celebraban«, dice Velasco. Finalmente, los enterraban de nuevo en medio de una fiesta con danzas, rezos, cantos y comida.

El culto no podía culminar sin antes elaborar una bebida preparada a base de maíz negro, conocida como la ‘chicha morada’. Esta se servía acompañada de figurines con forma humana hechos con maíz.´



Así, dice el antropólogo Velasco, revitalizaban el recuerdo de los suyos. «Lo que la gente a veces olvida es que esa chicha y los figurines fueron la primera versión de lo que consumimos ahora: la colada morada y las guaguas de pan«, puntualiza.

En territorio ecuatoriano, las faldas del Ilaló, habitadas por la cultura milenaria Quitu Cara, (500 d.C) fueron los primeros puntos geográficos en los que se comenzó a preparar la ‘chicha morada’ y los figurines de maíz que también se consumían en el marco del Aya Marcay Quilla.

Con la colonización española, dice el antropólogo, los sacerdotes de la conquista prohibieron la práctica aborigen del Aya Marcay Quilla. Así, afirma Velasco, el catolicismo terminó suplantando a las fiestas andinas.

De esta forma, la celebración del Aya Marcay Quilla se reemplazó con el Día de los fieles difuntos que cada año se conmemora el 2 de noviembre.

La colada se preparaba con los productos que sembraban los pueblos, pero el principal era el maíz morado. Este tipo específico de maíz es aún muy utilizado en las poblaciones indígenas de la Serranía ecuatoriana y en el Perú. Cuando llegaron los españoles adoptaron esta tradición, considerada pagana, y la transformaron en una ofrenda religiosa.

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