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Posted in Historia Quiteña, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 8 marzo 2026, by , 0 Comments

Hidalgo fue una revolucionaria e hizo historia varias veces de manera silenciosa. Motivada por su curiosidad, la mujer logró numerosas victorias a lo largo de su vida.

Nacida el 21 de noviembre de 1989, en la ciudad de Loja, Hidalgo creció en el seno de una familia de clase media ecuatoriana. La menor de seís hermanos, fue criada por su madre, Carmen Navarro, después de que su padre, Manuel Hidalgo, falleciera cuando era muy pequeña.

Matilde Hidalgo creció en un mundo que era muy distinto al de hoy en día. Estudió la Primaria en un colegio de monjas hasta los 11 años, cuando terminó sus estudios básicos. Sin embargo, en esos años ese nivel educativo era el máximo al que las mujeres podían aspirar. El sistema educativo no permitía que ingresaran al bachillerato para seguir sus estudios, pues debían prepararse para ser madres y amas de casa.

Pero al acabar la Primaria, Matilde tenía claras sus intenciones de seguir estudiando Secundaria, y así se lo manifestó a su hermano Antonio, que fue siempre su gran apoyo. Para poder cumplir con su deseo, su hermano tuvo que hacer una solicitud especial en el colegio secundario Bernardo Valdivieso.

La solicitud de Matilde era inusual en la época. El director del colegio, tras pensarlo por un mes, la aceptó en su institución. Sin embargo durante esos años Matilde sufrió el rechazo no solo de algunos de sus compañeros, sino de gran parte de sus vecinos, que hasta le prohibieron a sus hijas que jugaran con ella.

Finalmente, Matilde terminó la secundaria. Se graduó con honores y se convirtió en la primera mujer bachiller en Ecuador. Pero Matilde iba por más.

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Matilde Hidalgo de Prócel. Foto: Wikimedia

Durante sus años en la secundaria, la joven se interesó mucho por la biología y las ciencias naturales. Por eso cuando decidió que iba a estudiar medicina no sorprendió a quienes la conocían.

La brillante bachiller intentó matricularse primero en la Universidad Central de Quito, pero el decano de Medicina rechazó su petición con el argumento de que debía centrarse en su destino de formar un hogar y cuidar de sus futuros hijos como todas las mujeres ecuatorianas. El directivo intentó convencerla de que estudiara otras carreras como farmacología o enfermería, pues la medicina era todavía una disciplina «para hombres» en Ecuador. 

Pero como había hecho para entrar al bachillerato, Matilde no se rindió y recurrió a su hermano Antonio para que le ayudara. Fue a otra institución, la Universidad de Cuenca, y realizó allí la solicitud de matrícula. El rector, tras consultar con el decano de la Facultad de Medicina, la admitió. Una decisión que tiempo después rendiría frutos.

Hidalgo se recibió como médica en 1919 con honores y dos años después, el 21 de noviembre de 1921, finalizó su doctorado y así se convirtió en la primera mujer en Ecuador en recibir ese título. Dos años después de egresar, se casó con el abogado Fernando Prócel con quien tuvo dos hijos: Fernando y Gonzalo.

Además de la medicina, a Matilde Hidalgo le gustaba la poesía y publicó varios poemas en los que abordaba temas como la naturaleza, la ciencia o el amor.

Y solo años después haber recibido su título de doctora en medicina, Matilde Hidalgo estaba lista, de nuevo, para romper con los esquemas y hacer historia en su país.

Para las elecciones legislativas de 1924, Matilde Hidalgo empezó a cuestionar por qué las mujeres no podían ejercer el derecho al voto. Decidió inscribirse en una mesa electoral de su ciudad, pero los jueces no la dejaron.

La respuesta de Matilde Hidalgo de Prócel a esta negativa fue leer, delante de los miembros del órgano electoral, el artículo de la Constitución ecuatoriana que regulaba el derecho al voto, y que decía que “para ser ciudadano ecuatoriano y poder ejercer el derecho al voto el único requisito era ser mayor de 21 años y saber leer y escribir”.

La cosa no quedó ahí. Su solicitud fue elevada al Consejo de Estado, que decidió otorgarle el derecho tras una votación unánime.

Cinco años más tarde, en 1929, el país aprobó el sufragio femenino, convirtiéndolo en el primer país latinoamericano -junto a Puerto Rico- en donde las mujeres votaron en las elecciones nacionales.

Diez años después, en 1941, Hidalgo de Prócel volvió a hacer historia al ser la primera mujer en postularse a un cargo de elección popular en Ecuador y la primera elegida como administradora pública.

Pero la verdadera vocación de Matilde Hidalgo de Prócel fue la medicina y el servicio a los demás, aunque la combinara con la política durante algún tiempo. La ejerció en Guayaquil hasta 1949, año en el que consiguió una beca de especialización en Pediatría, Neurología y Dietética en Argentina.

Al terminar sus estudios, la mujer ecuatoriana regresó a su país y se dedicó a llevar a cabo obras sociales. En aquel tiempo, su nombre era conocido por todo Ecuador y tenía la popularidad necesaria para ser nombrada vicepresidenta de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y presidenta vitalicia de Cruz Roja. 

El gobierno ecuatoriano le otorgó la Medalla al Mérito y la Medalla de Salud Pública, y en su ciudad natal de Loja se hizo un museo en su nombre. Matilde murió el 20 de febrero de 1974 en Guayaquil. y recibir la Medalla al Mérito de Salud Pública.

FUENTE: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/matilde-hidalgo-de-procel-la-primera-mujer-de-america-latina-que-pudo-votar-articulo-892248

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Posted in Restaurante, on 12 agosto 2019, by , 0 Comments

La Escuela quiteña son las expresiones artísticas (pintura, arquitectura y escultura) que nacieron en Ecuador durante la época colombina. Su desarrollo tuvo como escenario la Real Audiencia de Quito, hecho que ayudó a darle el nombre con el cual es reconocida.

Específicamente, su origen y auge se remonta a los siglos XVII y XVII, gracias a la Escuela de Artes y Oficios que fue instaurada en el año 1551 por los sacerdotes de la corte franciscana Fray Jodoco Ricke y Fray Pedro Gocial.

Años más tarde esta misma escuela se transformó en el Colegio San Andrés, el cual mantiene sus funciones actualmente.

El arte del Renacimiento, caracterizado por la técnica del “humanismo”, fue su mayor influencia. Sin embargo, el desarrollo y la implementación de nuevas técnicas fue lo que le permitió conseguir la admiración y aprobación en comparación al arte colonial de otros países.

Algunos de sus exponentes más reconocidos fueron:

-Manuel Chili, arquitecto y escultor, mejor conocido como “Capiscara”.

-Bernardo de Legarda, pintor, escultor y trabajador de metales como la plata y el oro

-Vicente Albán, ilustrador y pintor.

Características de la pintura, escultura y arquitectura de la escuela quiteña

Uno de los elementos más distintivos de esta doctrina artística es el uso de la “técnica del encarnado”. Dicha técnica consiste en aportar naturalidad a las obras a partir del color de piel de quienes estén pintados.

El “encarnado” es usado tanto en la escultura como en la pintura, puesto que aporta naturalidad y humanismo a las obras.

Un rasgo también llamativo es que los escenarios predominantes por el arte quiteño corresponden a ambientes exclusivamente de la Región Andina. Los paisajes naturales de esta región o la estructura arquitectónica típica de la misma dan contexto al sentido y desarrollo de las obras.

Esta  inclusión, además, dio pie a que también exista la representación de la fauna autóctona del Ecuador, eventualmente acompañada por pastores y personajes similares, como agricultores y mujeres de hogar.

La apropiación cultural también se manifestó con la adopción de santidades europeas, cuyos nombres y apariencias cambiaron de acuerdo a la percepción de sus nuevos creyentes.

Este hecho, en general, es una característica de todas las naciones que fueron colonizadas, especialmente por aquellas que quedaron al mando de países del antiguo continente como Italia y España.

En cuanto a la paleta de colores preferenciales, destacan las tonalidades ocre en combinación con colores fríos. Mientras que, en lo referente a la arquitectura, se sigue esta línea a través del uso de ladrillos para la construcción de monasterios.

En cuanto a las obras realizadas a través de la escultura, su objetivo era perseguir los detalles por medio de las tallas pequeñas. Además, todas las representaciones cuentan con un alto grado de emotividad. Los materiales mayormente utilizados para ello eran el barro y el yeso.

FUENTE: https://www.lifeder.com/que-es-la-escuela-quitena-c/

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Posted in Quito Colonial, on 19 enero 2018, by , 0 Comments

Amalgama, mestizaje o mezcla son tres palabras que identifican al Quito de los albores del siglo XXI. Aquella ciudad bordea los 2,5 millones de habitantes, distribuidos en familias con hijos nacidos en este terruño y con padres procedentes de otros cantones y provincias.

De esta forma se generan relaciones familiares y comunitarias que tienen al mestizaje como protagonista. Son ellos quienes se distribuyen en la geografía de lo que, ahora, es el Distrito Metropolitano. Pero se trata de un proceso que se fue configurando desde inicios de 1960.

Esta cotidianidad, con realidades y personajes que son fruto de esta transición social, la registra el escritor Jorge Icaza (Quito, 1906-1978) en su novela ‘El chulla Romero y Flores’publicada en 1958, obra literaria cuyo eje central analiza las contradicciones propias del mestizaje.

Una obra que da cuenta de dos épocas marcadas de Quito, aquella que cierra los años conventuales que giran en torno a lo que es en la actualidad el Centro Histórico y aquella de una ciudad en expansión que incorpora por el norte el sector de La Mariscal y, por el sur, barrios como la Villa Flora.

Es que Luis Alfonso Romero y Flores es mestizo, realidad generada por su madre indígena y su difunto padre y patrono de su progenitora. Esta realidad le genera vergüenza, lo que aplaca hallando asidero en esa media raíz española plasmada es su doble apellido.

‘Chulla’ por las apariencias propias que se fueron generando al ser parte de la clase media que va buscando identidad en una ciudad que empieza a crecer, que se expande y que desemboca en relaciones sociales más complejas. La apariencia es la principal arma para que Luis Alfonso viva y sobreviva. Añadiendo su opción por la vida bohemia.

Lo que plantea Silvia Madero al analizar la novela: “Jorge Icaza coloca a su personaje principal solo, como un mestizo de clase media que siente pertenecer a la sociedad, pues no es indígena ni tampoco es blanco. Es señalado por su mezcla hiriente… El chulla Romero y Flores lidia con su dualidad desde que se erige a la vida, es la sombra que lo acompaña”.

Con críticas sociales y literarias, la obra de Icaza cuenta una historia que no hace más que registrar parte de la identidad quiteña.

Pero a la vez esta novela era el registro de, como lo llama Fernando Carrión, uno de los símbolos identitarios de Quito, que en la actualidad ya no se encuentran. En estos momentos no hay un símbolo ni un personaje que logre identificar al quiteño como lo hacían antes el chulla Romero y Flores o la Torera, personajes que décadas atrás estaban vinculados a la clase media y al aparato estatal. Así lo señala en su artículo ‘Los Quitos del siglo XXI’, escrito en el 2003.

Fuente original: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/chulla-romero-y-flores/historia#.WlOeyHCgdPY

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