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Restaurante

Posted in Restaurante, on 30 mayo 2018, by , 0 Comments

Calle del Algodón, calle de las Siete Cruces o calle del Suspiro no son nombres que usted reconozca dentro de la ‘Carita de Dios’. Sin embargo, la historia revela que estas eran las antiguas denominaciones de las vías de la capital.

Los curiosos nombres corresponden a las actuales calles Sucre, García Moreno y Olmedo. De acuerdo con el cronista Alfonso Ortíz Crespo, desde 1870 los callejones tomaron nombres oficiales y dejaron los tradicionales, por una resolución del presidente de esa época, Gabriel García Moreno.

Algunos de los antiguos nombres tiene una curiosa historia. Por ejemplo, la calle del Suspiro, fue bautizada de esa forma ya que al recorrerla cuesta arriba dejaba al transeúnte agotado y suspirando.

FUENTE: http://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/comunidad/216956-curiosos-nombres-calles-quito

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Posted in Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 27 abril 2018, by , 0 Comments

Ser preparados de forma artesanal y tener la capacidad de llevar a un viaje por el tiempo a sus comensales son las características principales que ofrecen los dulces tradicionales de Quito. El miedo a los efectos del azúcar desaparece cuando se trata de alguno de estos pequeños bocadillos. El aroma dulce de estas golosinas se puede percibir a varios metros de distancia de donde los preparan y qué mejor lugar para encontrarlos que el Centro Histórico. En la calle Bolívar, desde 1915, se elabora uno de los dulces más famosos y representativos de los quiteños: las colaciones. Se trata de pequeñas bolas blancas hechas con azúcar, agua, limón y algún fruto seco como maní, almendras o nueces. La paila, que ya tiene algunos huecos diminutos, la han usado 3 generaciones. Desde hace 30 años, este negocio familiar está a cargo de Luis Banda, de 57 años. El hombre mece la paila, que está colgada desde un refuerzo de madera, con sogas gruesas, durante tres horas hasta que las pequeñas bolas de dulce se formen. Bajo la paila hay carbón encendido y junto a ella está una olla que mantiene caliente la miel. Para el hábil cocinero, la paila es la historia viva de Quito, es la misma con la que empezó el negocio su abuela, Hortensia Espinosa. Banda menciona que “una colación hecha por mi abuela, por mi padre o por mí sabe igual; una colación de hace 100 años es la misma que la de hoy; no ha cambiado absolutamente nada de la receta ni del modo de prepararla. De ahí que los adultos mayores son los principales seguidores de estas pequeñas bolas de azúcar, pues llegan a su memoria aquellos recuerdos dulces”. Él cuenta que sus clientes chupan una colación y siempre dicen que es idéntica a la que comían cuando tenían 5 años. “Eso es lo bonito de este negocio”, comenta Banda, un ingeniero en Finanzas que dejó su profesión para conservar este legado familiar que se ha convertido en una herencia histórica de la capital. Antiguamente, el local estaba ubicado en la calle Bolívar e Imbabura, en la cruz verde, de ahí el nombre del negocio: Las colaciones de la cruz verde. Las colaciones son una tradición que lleva más de 100 años en la capital. Para prepararlas se necesita azúcar, agua, limón, esencias y el fruto seco de su preferencia. Todos los días, desde las 08:00, en la plaza de la iglesia San Francisco, se vende otro de los manjares de la capital: el helado de paila. Luis Antonio Guayta, de 65 años, los vende estos en ese lugar desde que era pequeño, cuando ayudaba a su padre, el fundador del Sindicato de Heladeros de Quito, creado en 1940. La preparación de este manjar inicia a las 05:00, con la pela de la guanábana, se la licúa con claras de huevos y se la congela. Para que tenga ese sabor único es necesario mezclar algunos ingredientes que Guayta dice que son un secreto. Los helados de paila son una tradición que ha vivido transformaciones a lo largo del tiempo. Antiguamente se los preparaba de tomate de árbol, mora y naranjilla. Tan solo hace algunos años se empezó a preparar los famosos helados de guanábana. A Guayta la clientela no le falta. Varios transeúntes se detienen para refrescarse con sus helados congelados con hielo seco; a algunos conductores no les importa el tráfico de la calle Bolívar o que el semáforo esté en verde, conducen más lento hasta que Guayta les pase un helado. Un caramelo que se explota con el roce de la lengua es otro dulce tradicional de Quito. Se trata de la mistela, un dulce que parece un cristal relleno de licor. Antiguamente el relleno era de jugo de frutas, pero hoy se lo hace con ron, whisky, pájaro azul, mojito de maracuyá o Jägermeister (un licor de hierbas). Las mistelas se preparan con azúcar caramelizada que se deja reposar sobre unas bandejas de harina de arroz, antes de que endurezca el caramelo, se lo rellena. Es un trabajo laborioso y delicado que tarda entre 3 y 4 días. Rocío Jaramillo, representante de la marca La Reinita, que elabora mistelas y otros dulces, dice que “escuchar los recuerdos de los mayores cuando prueban los dulces es muy gratificante, es regresar a los tiempos de antaño”. La ‘caca de perro’, que es el tostado endulzado, y el maní confitado son otros dulces de la capital. Estas golosinas se venden en el local El Kukurucho del maní, situado hace 16 años en la calle Rocafuerte y García Moreno. Según su propietario, John Ríos, este fue el primer local en el Centro Histórico en ofrecer estos dulces. Ríos argumenta que la clientela se acerca entusiasmada por probar los dulces tradicionales que comía varias décadas atrás. (I) El tostado endulzado, más conocido como ‘caca de perro’, también es una golosina tradicional de Quito. Se lo prepara con raspadura y un poco de vainilla.

Fuente: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/702/51/los-recuerdos-el-eje-del-sabor-de-los-dulces-quitenos

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Posted in Cocina Quiteña, Comida Quiteña, Restaurante, Turismo, on 4 abril 2018, by , 0 Comments

Una paila de bronce gira. Contiene jugo de frutas, hielo y sal en grano. He ahí la clave para preparar el tradicional helado de paila. En Quito existen varios lugares en donde degustar este postre, desde el norte hasta el sur, cada uno con su particularidad. En el norte de la ciudad, a 100 metros del Colegio Francés, se encuentran los Helados de paila Pomasqui. El local ofrece más de 80 sabores. 11 tradicionales como mora y guanábana; 10 de temporada como borojó y arazá. Además, más de 60 gourmet que se realizan bajo pedido y abarcan una gama amplia de sabores inusuales como chicha de jora, perejil o champagne con rosas. “Se puede hacer helado de todo lo que se pueda comer”, dice Cristina Cabezas, hija de José, dueño del local. José comenta que aprendió a elaborar este postre con su esposa Miriam Álvarez y su suegra Olga Echeverría, bisnieta de Rosalía Suárez. Echeverría fue, según cuentan, la primera en introducir esta tradición a Quito.

Cabezas elabora este postre por más de 25 años en Pomasqui, luego de que en 1990 un terremoto de 4.9 grados sacudió la zona. “Somos artesanos”, dice el heladero. Se trata de un oficio transmitido a sus hijos, quienes ya tienen otros dos locales: uno en la Isla Genovesa (norte de Quito) y otro en Nayón (nororiente). Actualmente, realiza los trámites respectivos para exportar sus productos. El recorrido continúa, y el nombre Rosalía Suárez vuelve a sonar. Ernesto Álvarez, es la sexta generación que mantiene la tradición.

«Mi ‘chusabuela’ puso un recipiente con jugo sobre el granizo y se hizo helado. Poco a poco la técnica se perfeccionó, hasta conseguir este postre», narra. El local del ‘chusnieto’ está ubicado en la Real Audiencia y Cristóbal Tuquiri. Se llama Los legítimos helados de paila ‘Herencia Ibarreña’. Álvarez aprendió el oficio de su abuelo homónimo, quien tiene un local en La Concepción, uno de los más populares de la ciudad, con más de 30 años. Según él, lo que marca la diferencia en su receta es el cariño que le pone desde la elección de la fruta en el mercado de San Roque.

Pero si se habla de helados con enfoque internacional hay que nombrar a  Helados de paila La Quinta, ubicados dentro del Mercado Artesanal, en el centro norte de la capital.  El centro de artesanías tiene un constante flujo de turistas internacionales. Francisco Tamayo, quien atiende en el puesto de helados, cuenta que su primo Miguel Caicedo lleva 13 años en el local. Ellos aprendieron la tradición en Ambato. Han participado con sus postres en ferias nacionales como la de Durán pero, actualmente, se preparan para llevar su producto al exterior. Sergio Garzón, dueño del local Helados Los Alpes, en la calle Chilibulo, al sur de Quito, permanece en el sector desde hace más de 27 años. Comenta que el objetivo de usar sal en grano es bajar la temperatura del hielo, gracias al sodio.

Él se demora 30 minutos en preparar seis litros de helado. “Estos helados nunca fueron hechos en paila” dice Alegría Salazar, quien lleva más de 50 años a la cabeza de los Helados Amazonas, ubicados en el camino viejo a Cumbayá. Aunque muchas personas los conozcan como ‘de paila’, se preparan en máquinas de hierro. Para ella, lo que marca la diferencia es conocer las frutas. “Hay tres clases de guanábanas y cinco clases de mora”, explica Alegría con una sonrisa, pero no todas sirven para los helados. En el local se llegan a ofrecer hasta 40 sabores.

De granadilla, higos, piña con naranja, limón, los hay de cualquier fruta y son un postre refrescante y natural. Además de los locales, decenas de artesanos deambulan por la ciudad con un carrito dotado de una paila el hielo y la fruta. Generalmente recorren el Centro Histórico. Sin embargo, no faltan los que visitan las inmediaciones de los centros educativos y parques.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/tendencias/heladospaila-sabores-quito-fruta-postres.html. 

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Posted in Restaurante, on 7 marzo 2018, by , 0 Comments

La iglesia se encuentra en el Centro Histórico de Quito, siendo uno de los sitios que rodean la Plaza de la Independencia, actualmente cuenta con recorridos guiados en su interior. Es una de las primeras iglesias, tiene estilo romántico clásico. El pórtico y la torre fueron construidos en el presente siglo.

La Catedral de Quito constituye el templo mayor del gobierno del clero secular y de los arzobispos, obispos y otras dignidades eclesiásticas y es el templo en el que se realizan los Te Deums u ordenación del clero secular y otras ceremonias religiosas importantes.

Dirección
Se encuentra en el Pasaje Espejo, entre las calles Venezuela y García Moreno, ocupando casi una cuadra.

Fecha de Construcción
Fundada en el siglo XV. en el año 1535, su origen fue humilde, las paredes eran de barro y la cubierta de paja. En 1545, fue nombrada Catedral y en 1562 se la derribó para reconstruirla con bases de piedra y cubierta de tejas. La construcción de la iglesia culminó en 1806, por obra del Presidente de la Real Audiencia, Barón Héctor de Carondelet.

Descripción
En esta construcción se observan varios estilos como el barroco, mudéjar, rococó, neogótico y neoclásico. Posee una importante colección de obras de arte, pinturas y esculturas realizadas por importantes artistas de la época colonial y republicana.

Hasta mediados del siglo XVI. la catedral de Quito era de tapias y cubierta de paja. Entonces comenzó la iglesia actual el obispo García Díaz Arias, y la continuó el siguiente obispo gran constructor, Pedro Rodríguez de Aguayo.

Numerosos y preciados tesoros, tiene La Catedral quiteña, tan modesta en apariencia: «La sabana santa», una de las obras más armoniosas e intensas de Caspicara; la Inmaculada de Legarda; el grupo de la negación de San Pedro, atribuido al Padre Carlos; el lienzo de la Muerte de la Virgen de Miguel de Santiago, puesto en el muro del trascoro y la serie de retratos de obispos que adorna los muros de la sala del capítulo son los más dignos de verse.

Uno de los acontecimientos que se suscitó en este templo fue la muerte del Obispo de Quito de esa época, José Ignacio Barba, quien en la misa del Viernes Santo del 30 de marzo de 1.877 fue envenenado con estricnina disuelta en el vino de consagrar.

El interior se caracteriza por la influencia mudéjar de la primera etapa, planta de tres naves longitudinales y una pequeña transversal en la parte posterior del coro, arcos apuntados y un artesonado de influencia mudéjar.

La iglesia tiene una inusual disposición, pues por detrás de ella cruzaba una profunda quebrada que obligó a presentar la fachada larga hacia la Plaza y así evitar la costosa y difícil canalización y relleno de la quebrada.

La primitiva iglesia o lo que hoy es la Catedral de Quito, fue construida con muros de adobe y cubierta de paja.

Posteriormente fue reemplazada por otra de muros de ladrillo y arquerías de piedra traídas de la cantera del Pichincha, y en su atrio o pretil con piedras reutilizadas de edificaciones incas con artesonado, estructura de madera y teja en su cubierta que después fue reemplazada por láminas de zinc.

A inicios del siglo, fue nuevamente cubierta de teja y últimamente recubierta de materiales impermeabilizantes y modernos. Los pisos son de madera y piedra.

El interior de La Catedral se caracteriza por la gran influencia mudéjar de la primera etapa, planta de tres naves longitudinales y una pequeña transversal en la parte posterior del coro, arcos apuntados y un artesonado de influencia mudéjar.

En el retablo mayor se admira el lienzo de la Asunción de la Virgen que remplazó la Dormición de la Virgen, y que hoy se encuentra en el tramo posterior de la iglesia.

Por las obras de restauración que se han ejecutado y se están ejecutando por parte del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, esta edificación se encuentra conservada.

Atractivos
• En el interior de la iglesia hay algunas capillas con hermosas imágenes de la escuela quiteña

• Aquí en una pequeña y austera capilla descansan los restos del Mariscal Antonio José de Sucre.

• En el interior de la iglesia se encuentra también una escultura del primer Presidente de la República, Juan José Flores.

En la Capilla del Sagrario, Sala del Tesoro y Sala Capitular existen tesoros artísticos de orfebrería, ornamentos y libros variados. También se ubican aquí mausoleos del Mariscal Antonio José de Sucre y de los presidentes Gabriel García Moreno y Juan José Flores.

Leyendas
Don Ramón y el Gallito de la Catedral

Don Ramón era un quiteño rico y hacendado a quien le gustaba vivir con los lujos y placeres de un verdadero rey. Muy temprano en la mañana desayunaba exquisitos manjares entre los que no podía faltar la leche recién ordeñada, varios huevos y el chocolate caliente. Luego dormía la siesta y después de descansar almorzaba para tomar fuerzas y salir a la calle siempre vestido con elegancia y envuelto en perfume.

En sus idas y venidas pasaba siempre en frente de la Catedral, en cuya cúpula reposa un gallito de hierro que era el blanco favorito de los desplantes y burlas de Don Ramón.

– Qué disparate de gallito, decía el orgulloso hombre antes de enrumbarse a la cantina de Doña Mariana, una chola quiteña famosa por su belleza y sus mistelas, un suave licor de sabor dulce que era el favorito de Don Ramón.

Una noche, después de exagerar con las mistelas, Don Ramón se dirigió a su casa y como de costumbre se detuvo frente al gallo de la Catedral y como era usual, empezó con sus fanfarronadas.

– Para mí no hay gallos que valgan, gritaba Don Ramón parado en frente de la Catedral.

– Tontera de gallo, vociferaba iracundo cuando sintió que el gallo bajaba desde la cúpula y de un espuelazo le tumbaba al suelo.

– Prométeme que no volverás a beber, le dijo el gallo mientras picoteaba a Don Ramón que asustado prometió no volver ni siquiera a tomar agua ni a insultar al gallito.

Luego de arrancar las promesas de Don Ramón, el gallo volvió a su habitual sitio no sin antes amenazar con volver y cobrar venganza si Don Ramón no cumplía lo prometido.

Muchos explican la leyenda diciendo que fueron los amigos de Don Ramón los que decidieron jugarle una broma para que dejara su debilidad por las mistelas.

Fuente original: https://www.ec.viajandox.com/quito/catedral-de-quito-A2640

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Posted in Cocina Quiteña, Quito Colonial, Restaurante, on 25 octubre 2017, by , 0 Comments

El país entero percibe aromas de mortiño, frutos rojos, piña, moras de Tisaleo, clavo de olor y la flor de la canela de la bella Amazonía, el Ishpingo. El feriado del Día de los Difuntos está cerca y las familias ecuatorianas esperan con ansías sus días de descanso para reunirse y preparar en conjunto la tradicional Colada Morada y las Guaguas de Pan.

Entre las tareas repartidas en la cocina y la sabiduría de nuestras abuelas y madres que emplean sus mejores secretos es necesario recordar que esta tradicional preparación la llevamos en la sangre desde épocas prehispánicas.

La primera Colada Morada se preparaba como un ofrecimiento sagrado a los seres queridos que se encontraban en el más allá y se la realizaba las épocas lluviosas (octubre – noviembre), cuando el agua refrescaba los campos.

Con el objetivo de conectarse con el más allá, se utilizaba el maíz negro, al considerarse como la fuente de donde había sido creado el hombre. También se relata la historia del uso de la sangre de llama, al tratarse de un animal sagrado. Poco a poco sus componentes fueron cambiando y se fueron agregando con la llegada de los españoles y la religión católica.

Hoy en día la Colada Morada es una bebida festiva, que endulza los hogares de todos los ecuatorianos, con aromas y sabores de frutos y especias. Moras, mortiños, naranjilla, frutillas, babaco, ataco, arrayán, cedrón, hierba luisa, hoja de naranjo, canela, clavo de olor, pimienta dulce y el aromático ishpingo son los ingredientes principales.

Con orgullo de nuestras tradiciones ancestrales, este día miércoles 21 de octubre se celebra una vez más en la ciudad de Quito el reconocimiento a los 18 establecimientos turísticos que conservan y difunden la tradicional Colada Morada.

En una alianza con la Alcaldía de Quito, Quito Turismo y el Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana (CIGE) de la Universidad de las Américas, se llevará a cabo un evento de alto nivel, en el que los hoteles y los restaurantes premiados ofrecerán sus mejores recetas a los invitados. Además, el CIGE propone nuevas alternativas de cocina contemporánea con el mortiño, para incentivar a los ecuatorianos a utilizar este tesoro andino durante todo el año.

Por Carolina Pérez
Centro de Investigación, Innovación y Promoción de la Gastronomía Ecuatoriana de la UDLA

Fuente: http://www.ecuadortv.ec/noticias/turismo/colada-morada-una-bebida-ancestral

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Posted in Comida Quiteña, Quito Colonial, Restaurante, on 18 enero 2017, by , 0 Comments

El Museo es un importante punto de encuentro para el diálogo, la reflexión y el debate intercultural e intergeneracional, a través de las diferentes temáticas desarrolladas en sus exposiciones y de la programación artística y cultural permanente. Además, aporta al desarrollo de las comunidades y promueve el reconocimiento y revalorización de los patrimonios culturales vivos del Distrito Metropolitano de Quito.

La participación activa de nuestros visitantes como creadores de su propio conocimiento y experiencias, es el elemento fundamental para la apropiación de la historia y los patrimonios.

El Museo de la Ciudad ocupa el edificio civil más antiguo de Quito, el primer hospital de la ciudad abierto en 1565 y que funcionó hasta 1974, 409 años sin cerrar un solo día atendiendo a los habitantes de la capital y a los visitantes que llegaron a la urbe.

En 1998, abre sus puerta el Museo de la Ciudad como un espacio de encuentro para el diálogo, la reflexión y el debate intercultural e intergeneracional, a través de las diferentes temáticas desarrolladas en sus exposiciones y de la programación artística y cultural anual. Además, aporta al desarrollo de las comunidades y promueve el reconocimiento y revalorización de los patrimonios culturales vivos del Distrito Metropolitano de Quito.
El Museo de la Ciudad ocupa las instalaciones del Antiguo Hospital San Juan de Dios, el edificio civil más antiguo de Quito, institución que funcionó por más de 400 años, desde 1565 hasta 1974, como hospital y espacio de acogida. El antiguo hospital San Juan de Dios fue restaurado y en 1998 se rehabilitó para convertirse en uno de los museos más importantes del país y cuya edificación cumplirá 450 años en 2015.
En sus instalaciones, mantiene una exposición permanente sobre los procesos sociales e históricos de la ciudad. Además, cuenta con espacios abiertos al público donde se afianza la relación con las comunidades. Una invitación para vivir una nueva experiencia en cada visita.

Fuente original: http://www.museociudadquito.gob.ec

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