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En Quito lo antiguo no pierde vigencia, encuentra la manera de adaptarse a los nuevos tiempos.

Posted in Cook, Food, mercados, Restaurant, Turismo, on 21 mayo 2018, by , 0 Comments

Cuando el mercado de Santa Clara abrió sus puertas, en 1951,  se ubicó en la entonces ‘periferia’ de la ciudad; la hoy avenida Colón era el límite desde donde se marcó el crecimiento hacia el norte. Tras dos remodelaciones y 63 años de vida, este centro de expendios y de comidas se yergue en el ahora centro norte de la capital.

Su ubicación sumada a la variedad y frescura de sus productos, lo han convertido en uno de los mercados tradicionales de Quito. Al ingresar por la calle Versalles, el sentido del olfato se agudiza por la mezcla de olores producto de la extensa oferta alimenticia:  caldo de gallina, fritada, el infaltable hornado, la corvina frita, variedades de jugos…

Los mesones metálicos o de baldosa, las silletas pequeñas adosadas unas con otras, las ollas, el vapor, los letreros de los puestos. Todo se fusiona, armónicamente, provocando que el apetito o la sed se sientan con mayor intensidad. Con su atuendo de chef, blanco e impecable, Augusto Chiriboga atiende a los comensales (estudiantes, turistas, oficinistas, policías, profesores, familias enteras) sacando dotes de tenor. “Venga mi señora sí hay el caldo de gallina, pruebe nuestro seco”. El hombre de 68 años ofrece sus secos, de pollo y de carne, desde hace 40 años, cuando vendía junto con su madre.

De lunes a sábado, Chiriboga llega al mercado antes de las 06:00 para preparar los platos. Los primeros clientes empiezan a llegar una hora después. En la parte posterior de la sección de comidas (uno de los 11 del mercado), está el puesto de Blanca Molina. Ella, literalmente, se crió en el mercado de Santa Clara. Su sombrero y mandil azules hacen juego con la sonrisa contagiosa que la caracteriza. La mujer, de 55 años, recordó que hasta hace 15 años vendía frutas, verduras, legumbres en los exteriores. Pero ella y otras 31 comerciantes ingresaron al Mercado.  Nos han dado cursos de manejo de productos y trato al cliente, cuenta, mientras vende un dólar de aguacates. Doña Blanquita, como la conocen, llegó a ser dos veces presidenta de la asociación de comerciantes. En las dos plantas del Mercado laboran 241 socios.

En la parte alta funciona un centro de educación inicial y uno de salud. Más al norte de la ciudad, en la Iñaquito y Villalengua, está otro centro de expendio que fue parte de la expansión urbana, el mercado de Iñaquito. Los frigoríficos en los puestos de pollos y mariscos; además de los quioscos de estructura metálica con vidrio, dan una imagen moderna de este centro que cumplió 37 años.

Este cambio se materializó hace 12 años. Hugo Molina tiene su local de venta de mariscos. Dos frigoríficos y una refrigeradora son parte del mobiliario de su puesto. Los camarones, conchas, picudos y ostiones son parte de la oferta. Luciendo las clásicas ‘botas siete vidas’, recuerda que en su lista de clientes constan futbolistas como Néicer Reascos o el ex atacante albo Hernán Barcos.

 

FUENTE ORIGINAL: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-contemporaneo/mercados-de-inaquito-y-santa-clara/historia#.WvYkvKQvzIU

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Posted in Cook, Food, mercados, News, Quito Colonial, on 9 mayo 2018, by , 0 Comments

En el año 1950 en el centro de la ciudad de Quito, funcionaban por separado dos ferias al aire libre en donde los habitantes se proveian de toda clase de productos alimenticios, la una en la plaza La Marin  y la otra en la plaza de san Blas.
En un lamentable incidente en una de las cobachas donde expendian abastos se produjo un incendio que consumio  casi todos los puestos que conformaban la feria de San Blas, quedando de esta manera varias familias seriamente afectadas por la falta de un sitio para trabajar.
Los comerciantes de la feria de La Marin se solidarizaron y temiendo que lo mismo les pueda suceder decidieron unirse para solicitar a las autoridades municipales la donacion de un terreno donde puedan construir un mercado.
Todo el sacrificio de este grupo de personas dio sus frutos cuando el Alcalde electo de ese entonces el Dr. Carlos Chiriboga Villagomez  les entrega en propiedad el terreno conocido como el Toril pues ahi se faenaba reses  (El Camal) ubicado en las calles Manabi y Av. Pichincha.
Luego de recibir este terreno y gracias al apoyo del señor Mantilla, propitario fundador de la empresa El Comercio, de su garantia para que el Banco La Previsora otorge un prestamo  que fue cancelado por los comerciantes, para la construccion del edificio que lleva por nombre hasta la actualidad  Mercado Central de Quito.
El 26 de Febrero de 1.952 el mercado habre sus puertas a toda la ciudadania.
Fuente original: http://mercado-central-quito.globered.com/categoria.asp?idcat=22
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Posted in Quito Colonial, Restaurant, Turismo, on 27 abril 2018, by , 0 Comments

Ser preparados de forma artesanal y tener la capacidad de llevar a un viaje por el tiempo a sus comensales son las características principales que ofrecen los dulces tradicionales de Quito. El miedo a los efectos del azúcar desaparece cuando se trata de alguno de estos pequeños bocadillos. El aroma dulce de estas golosinas se puede percibir a varios metros de distancia de donde los preparan y qué mejor lugar para encontrarlos que el Centro Histórico. En la calle Bolívar, desde 1915, se elabora uno de los dulces más famosos y representativos de los quiteños: las colaciones. Se trata de pequeñas bolas blancas hechas con azúcar, agua, limón y algún fruto seco como maní, almendras o nueces. La paila, que ya tiene algunos huecos diminutos, la han usado 3 generaciones. Desde hace 30 años, este negocio familiar está a cargo de Luis Banda, de 57 años. El hombre mece la paila, que está colgada desde un refuerzo de madera, con sogas gruesas, durante tres horas hasta que las pequeñas bolas de dulce se formen. Bajo la paila hay carbón encendido y junto a ella está una olla que mantiene caliente la miel. Para el hábil cocinero, la paila es la historia viva de Quito, es la misma con la que empezó el negocio su abuela, Hortensia Espinosa. Banda menciona que “una colación hecha por mi abuela, por mi padre o por mí sabe igual; una colación de hace 100 años es la misma que la de hoy; no ha cambiado absolutamente nada de la receta ni del modo de prepararla. De ahí que los adultos mayores son los principales seguidores de estas pequeñas bolas de azúcar, pues llegan a su memoria aquellos recuerdos dulces”. Él cuenta que sus clientes chupan una colación y siempre dicen que es idéntica a la que comían cuando tenían 5 años. “Eso es lo bonito de este negocio”, comenta Banda, un ingeniero en Finanzas que dejó su profesión para conservar este legado familiar que se ha convertido en una herencia histórica de la capital. Antiguamente, el local estaba ubicado en la calle Bolívar e Imbabura, en la cruz verde, de ahí el nombre del negocio: Las colaciones de la cruz verde. Las colaciones son una tradición que lleva más de 100 años en la capital. Para prepararlas se necesita azúcar, agua, limón, esencias y el fruto seco de su preferencia. Todos los días, desde las 08:00, en la plaza de la iglesia San Francisco, se vende otro de los manjares de la capital: el helado de paila. Luis Antonio Guayta, de 65 años, los vende estos en ese lugar desde que era pequeño, cuando ayudaba a su padre, el fundador del Sindicato de Heladeros de Quito, creado en 1940. La preparación de este manjar inicia a las 05:00, con la pela de la guanábana, se la licúa con claras de huevos y se la congela. Para que tenga ese sabor único es necesario mezclar algunos ingredientes que Guayta dice que son un secreto. Los helados de paila son una tradición que ha vivido transformaciones a lo largo del tiempo. Antiguamente se los preparaba de tomate de árbol, mora y naranjilla. Tan solo hace algunos años se empezó a preparar los famosos helados de guanábana. A Guayta la clientela no le falta. Varios transeúntes se detienen para refrescarse con sus helados congelados con hielo seco; a algunos conductores no les importa el tráfico de la calle Bolívar o que el semáforo esté en verde, conducen más lento hasta que Guayta les pase un helado. Un caramelo que se explota con el roce de la lengua es otro dulce tradicional de Quito. Se trata de la mistela, un dulce que parece un cristal relleno de licor. Antiguamente el relleno era de jugo de frutas, pero hoy se lo hace con ron, whisky, pájaro azul, mojito de maracuyá o Jägermeister (un licor de hierbas). Las mistelas se preparan con azúcar caramelizada que se deja reposar sobre unas bandejas de harina de arroz, antes de que endurezca el caramelo, se lo rellena. Es un trabajo laborioso y delicado que tarda entre 3 y 4 días. Rocío Jaramillo, representante de la marca La Reinita, que elabora mistelas y otros dulces, dice que “escuchar los recuerdos de los mayores cuando prueban los dulces es muy gratificante, es regresar a los tiempos de antaño”. La ‘caca de perro’, que es el tostado endulzado, y el maní confitado son otros dulces de la capital. Estas golosinas se venden en el local El Kukurucho del maní, situado hace 16 años en la calle Rocafuerte y García Moreno. Según su propietario, John Ríos, este fue el primer local en el Centro Histórico en ofrecer estos dulces. Ríos argumenta que la clientela se acerca entusiasmada por probar los dulces tradicionales que comía varias décadas atrás. (I) El tostado endulzado, más conocido como ‘caca de perro’, también es una golosina tradicional de Quito. Se lo prepara con raspadura y un poco de vainilla.

Fuente: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/702/51/los-recuerdos-el-eje-del-sabor-de-los-dulces-quitenos

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Posted in Cook, Quito Colonial, on 18 abril 2018, by , 0 Comments

Todavía humea, pero las valientes caseras del mercado lo deshilachan con sus manos ya curtidas y acostumbradas al calor. Bajo una corteza crujiente está la suave y deliciosa carne de cerdo, como solo en Ecuador se prepara. El comensal, impaciente, solo espera degustar pronto este apetecido y tradicional plato. La historia del hornado empieza en el siglo XVI, según el chef Carlos Gallardo, de la Universidad de las Américas. Es un plato típico ecuatoriano, que nació de una tradición europea. En América no había cerdos, pero los españoles los trajeron. Eran castellanos y negros. En el siglo XVII, en los tradicionales hornos de leña se hacían allullas, bizcochos o pan. Pero había que aprovechar el calor. Entonces, las cocineras lo usaban para preparar carnes. Una de ellas era el cerdo. El origen del plato viene de un plato valenciano: el cochinillo, preparado en horno de leña. Uno de los sitios con más historia para este plato es Botín, en la calle madrileña de Cuchilleros, considerado el restaurante más antiguo del mundo. Según Gallardo, en Ecuador, una de las particularidades es la edad del cerdo con el que se hace hornado.

Un cochinillo tiene alrededor de dos años de edad. El animal para preparar hornado tiene el doble. Otra característica es que, para obtener un cuero crujiente, se debe cocer a fuego lento. Si la temperatura es baja, “la grasa se derrite y confita la proteína”. Es decir que entra en la carne y le da esa suavidad y sabor.

La receta original del cochinillo cambió al llegar a América, para convertirse en este alimento. Mientras el primero se marina con azafrán, vino, pimienta y clavo de olor, el segundo se adoba con chicha, cebolla, ajo y comino. Mucho comino. Pero el ingrediente que marca la diferencia es el achiote. Este se usa solamente en Ecuador. Se encuentra en diferentes puntos del país. Gallardo explica que hay cuatro raíces principales de este plato en la serranía: Carchi, Pichincha, Chimborazo y Azuay. De ahí, la receta ‘se regó’ para provincias vecinas como Tungurahua, Bolívar, Cañar o Cotopaxi. También llegó a la Costa. Pero en cada lugar tiene alguna particularidad.

Si en Pichincha se sirve con tortillas de papa, aguacate y lechuga, en Los Ríos va con Maduro y huevo, en Manabí con chifles y yuca y en Cañar con habas tiernas. La diferencia en las guarniciones es fácil de entender. Gallardo explica que cada región eligió una de acuerdo a los carbohidratos y cereales que su tierra produce.

Un acompañante común en casi todos los puntos donde se prepara es el mote. Además está el agrio, que tiene un sabor algo distinto según el sitio y el ‘ingrediente secreto’ de cada cocinero. Para completar la tradición, está la famosa probana, clásica en una hueca, restaurante popular o mercado.

“Venga mi guapo, qué le sirvo mi reina, ya le sirvo doctorcito, qué le atiento mi rey”

están entre las ingeniosas frases de la casera para atraer el cliente. Basta saborear el pedacito de carne o cuero de cortesía para aceptar la invitación. ¡Buen provecho!

 

Fuente: http://www.elcomercio.com/actualidad/hornado-tradicion-ecuatoriana-gastronomia.html

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Posted in Food, Quito Colonial, Restaurant, Turismo, on 10 abril 2018, by , 0 Comments

En el norte, sur o centro de la ciudad hay locales donde se puede saborear una variedad de combinaciones de queso, salami, pollo, jamón, tomate y otros productos cubiertos con rodajas de pan.

La diferencia está en la preparación. El secreto está relacionado con los ingredientes. A cualquier hora, es frecuente ver a las personas ingresar a estos lugares para calmar el hambre. Los sánduches se combinan con bebidas gaseosas, un humeante café o un nutritivo jugo de tomate o de otra fruta. El precio va desde USD 1,50 hasta USD 13. Depende de la combinación de ingredientes, el tipo de pan y del tamaño. A Mario Real, por ejemplo, le gusta comer un sánduche en pan suave a media mañana.

“Es como un matahambre. Aunque es suficiente para no almorzar”, dice el empleado público, que frecuenta los locales del Centro Histórico. En el local El Pretil, Alicia Guevara, por tradición, no pone ni lechuga ni mayonesa en el sánduche de pernil. Lo único que se agrega es el tomate y la cebolla colorada. Para que no quede muy seco, añade ají. En cambio, Juan Meneses, en la Casa del Sánduche, lo sirve con una salsa especial y en un pan escogido por el cliente. Así, en toda la ciudad hay locales especializados en ofrecer este tipo de comido.

 

A Don Soto, bajo el Puente del Guambra, en El Ejido, llegan en su mayoría los universitarios. Ellos aprovechan las horas libres. Usted escoja el local, el tipo de sánduche, la bebida y la hora para servirse. Aquí le presentamos algunas propuestas. En el sánduche de pernil no se pone mayonesa

http://www.elcomercio.com/actualidad/quito/sabor-de-sanduches-singular.html

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Posted in Cook, Food, Restaurant, Turismo, on 4 abril 2018, by , 0 Comments

Una paila de bronce gira. Contiene jugo de frutas, hielo y sal en grano. He ahí la clave para preparar el tradicional helado de paila. En Quito existen varios lugares en donde degustar este postre, desde el norte hasta el sur, cada uno con su particularidad. En el norte de la ciudad, a 100 metros del Colegio Francés, se encuentran los Helados de paila Pomasqui. El local ofrece más de 80 sabores. 11 tradicionales como mora y guanábana; 10 de temporada como borojó y arazá. Además, más de 60 gourmet que se realizan bajo pedido y abarcan una gama amplia de sabores inusuales como chicha de jora, perejil o champagne con rosas. “Se puede hacer helado de todo lo que se pueda comer”, dice Cristina Cabezas, hija de José, dueño del local. José comenta que aprendió a elaborar este postre con su esposa Miriam Álvarez y su suegra Olga Echeverría, bisnieta de Rosalía Suárez. Echeverría fue, según cuentan, la primera en introducir esta tradición a Quito.

Cabezas elabora este postre por más de 25 años en Pomasqui, luego de que en 1990 un terremoto de 4.9 grados sacudió la zona. “Somos artesanos”, dice el heladero. Se trata de un oficio transmitido a sus hijos, quienes ya tienen otros dos locales: uno en la Isla Genovesa (norte de Quito) y otro en Nayón (nororiente). Actualmente, realiza los trámites respectivos para exportar sus productos. El recorrido continúa, y el nombre Rosalía Suárez vuelve a sonar. Ernesto Álvarez, es la sexta generación que mantiene la tradición.

“Mi ‘chusabuela’ puso un recipiente con jugo sobre el granizo y se hizo helado. Poco a poco la técnica se perfeccionó, hasta conseguir este postre”, narra. El local del ‘chusnieto’ está ubicado en la Real Audiencia y Cristóbal Tuquiri. Se llama Los legítimos helados de paila ‘Herencia Ibarreña’. Álvarez aprendió el oficio de su abuelo homónimo, quien tiene un local en La Concepción, uno de los más populares de la ciudad, con más de 30 años. Según él, lo que marca la diferencia en su receta es el cariño que le pone desde la elección de la fruta en el mercado de San Roque.

Pero si se habla de helados con enfoque internacional hay que nombrar a  Helados de paila La Quinta, ubicados dentro del Mercado Artesanal, en el centro norte de la capital.  El centro de artesanías tiene un constante flujo de turistas internacionales. Francisco Tamayo, quien atiende en el puesto de helados, cuenta que su primo Miguel Caicedo lleva 13 años en el local. Ellos aprendieron la tradición en Ambato. Han participado con sus postres en ferias nacionales como la de Durán pero, actualmente, se preparan para llevar su producto al exterior. Sergio Garzón, dueño del local Helados Los Alpes, en la calle Chilibulo, al sur de Quito, permanece en el sector desde hace más de 27 años. Comenta que el objetivo de usar sal en grano es bajar la temperatura del hielo, gracias al sodio.

Él se demora 30 minutos en preparar seis litros de helado. “Estos helados nunca fueron hechos en paila” dice Alegría Salazar, quien lleva más de 50 años a la cabeza de los Helados Amazonas, ubicados en el camino viejo a Cumbayá. Aunque muchas personas los conozcan como ‘de paila’, se preparan en máquinas de hierro. Para ella, lo que marca la diferencia es conocer las frutas. “Hay tres clases de guanábanas y cinco clases de mora”, explica Alegría con una sonrisa, pero no todas sirven para los helados. En el local se llegan a ofrecer hasta 40 sabores.

De granadilla, higos, piña con naranja, limón, los hay de cualquier fruta y son un postre refrescante y natural. Además de los locales, decenas de artesanos deambulan por la ciudad con un carrito dotado de una paila el hielo y la fruta. Generalmente recorren el Centro Histórico. Sin embargo, no faltan los que visitan las inmediaciones de los centros educativos y parques.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/tendencias/heladospaila-sabores-quito-fruta-postres.html. 

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Posted in Food, Quito Colonial, Restaurant, Turismo, on 30 marzo 2018, by , 0 Comments

La gastronomía quiteña así como su oferta está ligada a los distintos procesos históricos de Quito y es un referente del crecimiento de la urbe. Mientras en los siglos XIX y XX, el desarrollo en la oferta fue lenta, desde la segunda mitad del XX y la primera del XXI, este proceso se aceleró. La ciudad pasó de un registro, en el XIX, de 36 fondas en el Centro Histórico, a un desarrollo hotelero atado a restaurantes con una influencia de las cocinas francesa e italiana.

De acuerdo con los datos históricos, recuenta Miguel Burneos, coordinador del programa Rescate de los Sabores Tradicionales del Ecuador, la ciudad ha contemplado entre sus menús el platillo denominado cochinilla, pasando por la comida popular, la influencia norteamericana y, actualmente, el objetivo de promover la comida ecuatoriana.

La evolución de la comida en la capital también da cuenta de que en la primera década del siglo XX se intensifica la migración del Centro hacia el sector de La Mariscal. En El Ejido, por ejemplo, se abre la cafetería el Infierno Guayaquileño, Helados Patito, etc. El sushi se desenrolla en la rutina de Quito Perú lidera la lista de los 50 mejores restaurantes de América Latina Un sitio para la comida afro, chola y montubia En la primera década del siglo XX, también, el sur empieza a crecer con la llegada del ferrocarril a Quito (1908). Años más tarde, en sectores como la Michelena y La Magdalena, se prepara y oferta el caldo de 31 y la tripa mishque. Burneos comenta que estos platillos dan cuenta de un proceso migratorio desde varias provincias. Por otro lado, aparecen restaurantes como Chalet Swiss. Uno de los sitios tradicionales que se inauguró en esta época fue Sánduches de Don Soto, en 1939. En 1960, La Mariscal ya se consolidó como una zona de comercial. En la actualidad tiene 4 000 locales. También, desde mediados del siglo XX, Quito experimenta una mayor oferta hacia el norte. Uno de los puntales fue la apertura del Centro Comercial Iñaquito, en 1967.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/actualidad/gastronomia-quitena-seducir-sabores.html

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Posted in Quito Colonial, Turismo, on 20 marzo 2018, by , 0 Comments

La central calle García Moreno en un tramo de apenas un kilómetro y medio encierra una evolución historica muy rica. Según algunos historiandores durante la época del incario, esta senda tenía un carácter religioso, por lo que los españoles la calificaron de pagana, y a manera de “plegaria reconciliadora” con Dios sembraron la primera cruzen 1714, en la esquina de las calles Loja y García Moreno junto al actual Hospicio de San Lázaro. Con la llegada de las órdenes religiosas al Ecuador y la instalación de conventos y sus respectivas iglesias, se inicia la instalación de cruces a lo largo de esta calle. Así fue como quedó levantada la segunda cruz en la Iglesia del Carmen Antiguo de San José o carmen Alto del siglo XVIILa tercera cruzcorrespondió a la Iglesia de la Compañía de JesúsLa cuarta fue construida por la Capilla del SagrarioLa quinta corresponde a la Catedral Metropolitanala sexta, por la Iglesia y monasterio de “La Concepción” del siglo XVI y la séptima por la Iglesia de Santa Bárbara. De estas siete cruces las que sobreviven, son las cruces de las iglesias de la Compañía de Jesús y de la Catedral.

Para la persona que desee conocer el casco colonial de la cuidad de Quito, podría considerar esta caminata, ya que al concluir este recorrido, habría conocido mucha riqueza histórica, arquitectónica y cultural de la Capital del Ecuador y su centro histórico.

Disfrute de la visita.

Fuente: http://quitoecuador.net/quito/turismo/la-calle-de-las-7-cruces/

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Posted in Quito Colonial, Turismo, on 14 marzo 2018, by , 0 Comments

La Compañía de Jesús es una iglesia sorprendente por su obra de arte tallada en piedra volcánica andina. Se le considera como la estructura más importante del Quito colonial por su representativo estilo barroco.

 

La Iglesia de la Compañía de Jesús fue construida en 1605 por los jesuitas, quienes fueron expulsados de la Real Audiencia de Quito debido al Edicto de destierro decretado en 1767 por Carlos III, Rey de España. Su edificación demoró alrededor de 163 años y estuvo abandonada hasta 1794. Luego de habérsele confiado a los frailes Camilos, la Compañía de Quito fue devuelta a los jesuitas en 1862 bajo la autorización del presidente Gabriel García Moreno.

 

DEBERÍAS SABER ESTO

Esta monumental obra arquitectónica ha sido objeto de un proceso de restauración integral desde que los terremotos destruyeron estructuras importantes como es el caso de la torre en 1868. Los trabajos históricos y arqueológicos, esenciales para la conservación del templo, se hicieron entre 1987 y 2005. Desde el 2006 los visitantes de todas partes del mundo han disfrutado de sus numerosos encantos bañados con siete toneladas de pan de oro.

 

Las obras de artes son motivo de una profunda admiración. El retablo mayor, dorado en 1745 por Bernardo de Legarda, contiene las esculturas de las cuatro comunidades religiosas que evangelizaron en Quito. Igualmente alberga los conjuntos escultóricos de la Santísima Trinidad y Sagrada Familia. Sin duda, su belleza artística elaborada por los artistas de la escuela colonial de Quito, refleja un espectáculo histórico inolvidable.

 

La Iglesia de La Compañía se localiza en el centro histórico de la ciudad de Quito en Ecuador, en las calles García Moreno y Sucre. (Diagonal a la Catedral).

DEBERÍAS SABER ESTO

La Iglesia de La Compañía de Jesús es la más famosa de todas las iglesias en Quito. Esto debido a su arquitectura, sus detalles en la fachada y el arte de su interior.

Se ubica en las calles García Moreno y Sucre, en el Centro Histórico de Quito.

El horario para apreciar esta iglesia es de lunes a viernes de 09h30 a 17h30, sábados de 09h00 a 16h30 y los domingos de 13h00 a 16h30.

El costo de la visita es de $2 USD para extranjeros, y $1 USD para visitantes nacionales.

Fuente: http://www.quitoadventure.com/espanol/relax-ecuador/lugares-turisticos-quito/iglesias-conventos/iglesia-compania-jesus.html

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Posted in Restaurant, on 7 marzo 2018, by , 0 Comments

La iglesia se encuentra en el Centro Histórico de Quito, siendo uno de los sitios que rodean la Plaza de la Independencia, actualmente cuenta con recorridos guiados en su interior. Es una de las primeras iglesias, tiene estilo romántico clásico. El pórtico y la torre fueron construidos en el presente siglo.

La Catedral de Quito constituye el templo mayor del gobierno del clero secular y de los arzobispos, obispos y otras dignidades eclesiásticas y es el templo en el que se realizan los Te Deums u ordenación del clero secular y otras ceremonias religiosas importantes.

Dirección
Se encuentra en el Pasaje Espejo, entre las calles Venezuela y García Moreno, ocupando casi una cuadra.

Fecha de Construcción
Fundada en el siglo XV. en el año 1535, su origen fue humilde, las paredes eran de barro y la cubierta de paja. En 1545, fue nombrada Catedral y en 1562 se la derribó para reconstruirla con bases de piedra y cubierta de tejas. La construcción de la iglesia culminó en 1806, por obra del Presidente de la Real Audiencia, Barón Héctor de Carondelet.

Descripción
En esta construcción se observan varios estilos como el barroco, mudéjar, rococó, neogótico y neoclásico. Posee una importante colección de obras de arte, pinturas y esculturas realizadas por importantes artistas de la época colonial y republicana.

Hasta mediados del siglo XVI. la catedral de Quito era de tapias y cubierta de paja. Entonces comenzó la iglesia actual el obispo García Díaz Arias, y la continuó el siguiente obispo gran constructor, Pedro Rodríguez de Aguayo.

Numerosos y preciados tesoros, tiene La Catedral quiteña, tan modesta en apariencia: “La sabana santa”, una de las obras más armoniosas e intensas de Caspicara; la Inmaculada de Legarda; el grupo de la negación de San Pedro, atribuido al Padre Carlos; el lienzo de la Muerte de la Virgen de Miguel de Santiago, puesto en el muro del trascoro y la serie de retratos de obispos que adorna los muros de la sala del capítulo son los más dignos de verse.

Uno de los acontecimientos que se suscitó en este templo fue la muerte del Obispo de Quito de esa época, José Ignacio Barba, quien en la misa del Viernes Santo del 30 de marzo de 1.877 fue envenenado con estricnina disuelta en el vino de consagrar.

El interior se caracteriza por la influencia mudéjar de la primera etapa, planta de tres naves longitudinales y una pequeña transversal en la parte posterior del coro, arcos apuntados y un artesonado de influencia mudéjar.

La iglesia tiene una inusual disposición, pues por detrás de ella cruzaba una profunda quebrada que obligó a presentar la fachada larga hacia la Plaza y así evitar la costosa y difícil canalización y relleno de la quebrada.

La primitiva iglesia o lo que hoy es la Catedral de Quito, fue construida con muros de adobe y cubierta de paja.

Posteriormente fue reemplazada por otra de muros de ladrillo y arquerías de piedra traídas de la cantera del Pichincha, y en su atrio o pretil con piedras reutilizadas de edificaciones incas con artesonado, estructura de madera y teja en su cubierta que después fue reemplazada por láminas de zinc.

A inicios del siglo, fue nuevamente cubierta de teja y últimamente recubierta de materiales impermeabilizantes y modernos. Los pisos son de madera y piedra.

El interior de La Catedral se caracteriza por la gran influencia mudéjar de la primera etapa, planta de tres naves longitudinales y una pequeña transversal en la parte posterior del coro, arcos apuntados y un artesonado de influencia mudéjar.

En el retablo mayor se admira el lienzo de la Asunción de la Virgen que remplazó la Dormición de la Virgen, y que hoy se encuentra en el tramo posterior de la iglesia.

Por las obras de restauración que se han ejecutado y se están ejecutando por parte del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, esta edificación se encuentra conservada.

Atractivos
• En el interior de la iglesia hay algunas capillas con hermosas imágenes de la escuela quiteña

• Aquí en una pequeña y austera capilla descansan los restos del Mariscal Antonio José de Sucre.

• En el interior de la iglesia se encuentra también una escultura del primer Presidente de la República, Juan José Flores.

En la Capilla del Sagrario, Sala del Tesoro y Sala Capitular existen tesoros artísticos de orfebrería, ornamentos y libros variados. También se ubican aquí mausoleos del Mariscal Antonio José de Sucre y de los presidentes Gabriel García Moreno y Juan José Flores.

Leyendas
Don Ramón y el Gallito de la Catedral

Don Ramón era un quiteño rico y hacendado a quien le gustaba vivir con los lujos y placeres de un verdadero rey. Muy temprano en la mañana desayunaba exquisitos manjares entre los que no podía faltar la leche recién ordeñada, varios huevos y el chocolate caliente. Luego dormía la siesta y después de descansar almorzaba para tomar fuerzas y salir a la calle siempre vestido con elegancia y envuelto en perfume.

En sus idas y venidas pasaba siempre en frente de la Catedral, en cuya cúpula reposa un gallito de hierro que era el blanco favorito de los desplantes y burlas de Don Ramón.

– Qué disparate de gallito, decía el orgulloso hombre antes de enrumbarse a la cantina de Doña Mariana, una chola quiteña famosa por su belleza y sus mistelas, un suave licor de sabor dulce que era el favorito de Don Ramón.

Una noche, después de exagerar con las mistelas, Don Ramón se dirigió a su casa y como de costumbre se detuvo frente al gallo de la Catedral y como era usual, empezó con sus fanfarronadas.

– Para mí no hay gallos que valgan, gritaba Don Ramón parado en frente de la Catedral.

– Tontera de gallo, vociferaba iracundo cuando sintió que el gallo bajaba desde la cúpula y de un espuelazo le tumbaba al suelo.

– Prométeme que no volverás a beber, le dijo el gallo mientras picoteaba a Don Ramón que asustado prometió no volver ni siquiera a tomar agua ni a insultar al gallito.

Luego de arrancar las promesas de Don Ramón, el gallo volvió a su habitual sitio no sin antes amenazar con volver y cobrar venganza si Don Ramón no cumplía lo prometido.

Muchos explican la leyenda diciendo que fueron los amigos de Don Ramón los que decidieron jugarle una broma para que dejara su debilidad por las mistelas.

Fuente original: https://www.ec.viajandox.com/quito/catedral-de-quito-A2640

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