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Turismo

Posted in Historia Quiteña, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 8 marzo 2026, by , 0 Comments

Hidalgo fue una revolucionaria e hizo historia varias veces de manera silenciosa. Motivada por su curiosidad, la mujer logró numerosas victorias a lo largo de su vida.

Nacida el 21 de noviembre de 1989, en la ciudad de Loja, Hidalgo creció en el seno de una familia de clase media ecuatoriana. La menor de seís hermanos, fue criada por su madre, Carmen Navarro, después de que su padre, Manuel Hidalgo, falleciera cuando era muy pequeña.

Matilde Hidalgo creció en un mundo que era muy distinto al de hoy en día. Estudió la Primaria en un colegio de monjas hasta los 11 años, cuando terminó sus estudios básicos. Sin embargo, en esos años ese nivel educativo era el máximo al que las mujeres podían aspirar. El sistema educativo no permitía que ingresaran al bachillerato para seguir sus estudios, pues debían prepararse para ser madres y amas de casa.

Pero al acabar la Primaria, Matilde tenía claras sus intenciones de seguir estudiando Secundaria, y así se lo manifestó a su hermano Antonio, que fue siempre su gran apoyo. Para poder cumplir con su deseo, su hermano tuvo que hacer una solicitud especial en el colegio secundario Bernardo Valdivieso.

La solicitud de Matilde era inusual en la época. El director del colegio, tras pensarlo por un mes, la aceptó en su institución. Sin embargo durante esos años Matilde sufrió el rechazo no solo de algunos de sus compañeros, sino de gran parte de sus vecinos, que hasta le prohibieron a sus hijas que jugaran con ella.

Finalmente, Matilde terminó la secundaria. Se graduó con honores y se convirtió en la primera mujer bachiller en Ecuador. Pero Matilde iba por más.

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Matilde Hidalgo de Prócel. Foto: Wikimedia

Durante sus años en la secundaria, la joven se interesó mucho por la biología y las ciencias naturales. Por eso cuando decidió que iba a estudiar medicina no sorprendió a quienes la conocían.

La brillante bachiller intentó matricularse primero en la Universidad Central de Quito, pero el decano de Medicina rechazó su petición con el argumento de que debía centrarse en su destino de formar un hogar y cuidar de sus futuros hijos como todas las mujeres ecuatorianas. El directivo intentó convencerla de que estudiara otras carreras como farmacología o enfermería, pues la medicina era todavía una disciplina «para hombres» en Ecuador. 

Pero como había hecho para entrar al bachillerato, Matilde no se rindió y recurrió a su hermano Antonio para que le ayudara. Fue a otra institución, la Universidad de Cuenca, y realizó allí la solicitud de matrícula. El rector, tras consultar con el decano de la Facultad de Medicina, la admitió. Una decisión que tiempo después rendiría frutos.

Hidalgo se recibió como médica en 1919 con honores y dos años después, el 21 de noviembre de 1921, finalizó su doctorado y así se convirtió en la primera mujer en Ecuador en recibir ese título. Dos años después de egresar, se casó con el abogado Fernando Prócel con quien tuvo dos hijos: Fernando y Gonzalo.

Además de la medicina, a Matilde Hidalgo le gustaba la poesía y publicó varios poemas en los que abordaba temas como la naturaleza, la ciencia o el amor.

Y solo años después haber recibido su título de doctora en medicina, Matilde Hidalgo estaba lista, de nuevo, para romper con los esquemas y hacer historia en su país.

Para las elecciones legislativas de 1924, Matilde Hidalgo empezó a cuestionar por qué las mujeres no podían ejercer el derecho al voto. Decidió inscribirse en una mesa electoral de su ciudad, pero los jueces no la dejaron.

La respuesta de Matilde Hidalgo de Prócel a esta negativa fue leer, delante de los miembros del órgano electoral, el artículo de la Constitución ecuatoriana que regulaba el derecho al voto, y que decía que “para ser ciudadano ecuatoriano y poder ejercer el derecho al voto el único requisito era ser mayor de 21 años y saber leer y escribir”.

La cosa no quedó ahí. Su solicitud fue elevada al Consejo de Estado, que decidió otorgarle el derecho tras una votación unánime.

Cinco años más tarde, en 1929, el país aprobó el sufragio femenino, convirtiéndolo en el primer país latinoamericano -junto a Puerto Rico- en donde las mujeres votaron en las elecciones nacionales.

Diez años después, en 1941, Hidalgo de Prócel volvió a hacer historia al ser la primera mujer en postularse a un cargo de elección popular en Ecuador y la primera elegida como administradora pública.

Pero la verdadera vocación de Matilde Hidalgo de Prócel fue la medicina y el servicio a los demás, aunque la combinara con la política durante algún tiempo. La ejerció en Guayaquil hasta 1949, año en el que consiguió una beca de especialización en Pediatría, Neurología y Dietética en Argentina.

Al terminar sus estudios, la mujer ecuatoriana regresó a su país y se dedicó a llevar a cabo obras sociales. En aquel tiempo, su nombre era conocido por todo Ecuador y tenía la popularidad necesaria para ser nombrada vicepresidenta de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y presidenta vitalicia de Cruz Roja. 

El gobierno ecuatoriano le otorgó la Medalla al Mérito y la Medalla de Salud Pública, y en su ciudad natal de Loja se hizo un museo en su nombre. Matilde murió el 20 de febrero de 1974 en Guayaquil. y recibir la Medalla al Mérito de Salud Pública.

FUENTE: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/matilde-hidalgo-de-procel-la-primera-mujer-de-america-latina-que-pudo-votar-articulo-892248

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Posted in Historia Quiteña, Quito Colonial, Turismo, on 15 mayo 2025, by , 0 Comments

A diferencia de los museos tradicionales que organizan sus colecciones de forma cronológica, la Casa del Alabado presenta sus piezas según la cosmovisión andina, dividiendo el recorrido en tres mundos simbólicos:

  • Inframundo: Representa lo ancestral y lo oculto. Aquí se exhiben piezas funerarias y esculturas en piedra que evocan los orígenes y rituales relacionados con la muerte.
  • Mediomundo: El espacio de lo cotidiano y lo terrenal. Se destacan objetos utilitarios y ceremoniales elaborados en cerámica, concha y metal, reflejando la vida diaria y las prácticas culturales de diversas civilizaciones.
  • Supramundo: Dedicado a lo espiritual y lo divino. Las salas albergan figuras de chamanes, deidades y símbolos que ilustran las creencias y mitologías de las culturas precolombinas.

Esta organización temática permite al visitante establecer conexiones profundas entre las piezas y comprender la riqueza simbólica de las antiguas culturas del Ecuador.


Un espacio histórico con alma

La edificación que alberga el museo data de 1671 y es una de las más antiguas de Quito. Su restauración ha respetado la arquitectura original, conservando patios interiores, balcones y detalles coloniales que enriquecen la experiencia museográfica. El nombre «Casa del Alabado» proviene de una inscripción en el dintel de la entrada que reza: «Alabado sea el Santísimo Sacramento».


Información práctica para el visitante

  • Dirección: Calle Cuenca N1-41, entre Bolívar y Rocafuerte, a pocos pasos de la Plaza San Francisco.

Una experiencia imperdible

Visitar la Casa del Alabado es sumergirse en la esencia del arte precolombino y comprender la profundidad de las culturas que habitaron el territorio ecuatoriano. Es una parada obligatoria para quienes desean conectar con el pasado ancestral de los Andes y apreciar la maestría artística de sus pueblos originarios.

Para más información y planificación de tu visita, puedes acceder al sitio oficial del museo: https://alabado.org/inicio/

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Posted in Historia Quiteña, Turismo, on 14 febrero 2025, by , 0 Comments

En el corazón de los Andes ecuatorianos, donde la neblina acaricia las cumbres y el viento susurra antiguas leyendas, vive una historia de amor que ha trascendido el tiempo: la del Taita Imbabura y la Mama Cotacachi.

Cuenta la tradición oral de los pueblos indígenas que el volcán Imbabura, con su imponente figura y laderas fértiles, es un taita, un padre protector y generoso. Al otro lado del valle, se alza la majestuosa Mama Cotacachi, elegante y serena, con su cima nevada que refleja la pureza de su espíritu.

Se dice que estos dos gigantes andinos fueron amantes, unidos por un amor profundo que se manifiesta en la fertilidad de la tierra y la abundancia de los cultivos. Pero el destino los separó, dejando al río Intag como testigo de su eterno anhelo por reunirse. Aún hoy, cuando la neblina cubre los cerros o una fina llovizna cae sobre el valle, los sabios de la comunidad dicen que son lágrimas de amor, suspiros de montañas que aún sueñan con encontrarse.

Esta historia no solo vive en los paisajes, sino también en la cultura y la gastronomía de Imbabura, donde cada plato típico, como la fritada, el locro o la chicha de jora, lleva el legado de esta unión sagrada entre la naturaleza y el pueblo.

Porque el amor, como nuestra cultura, se vive en cada rincón y en cada plato.

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Posted in Cocina Quiteña, Comida Quiteña, Novedades, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 6 marzo 2019, by , 0 Comments

Manuela de la Santa Cruz y Espejo (20 de diciembre de 1753 –  1829) prócer de la independencia de Ecuador. Nació en Quito. Su padre Luis Chuzig, un hombre de origen indígena, y su madre María Catalina Aldás, una mujer mulata nacida de una esclava liberta. Se crió en un ambiente humilde, su madre ordenaba a sus hermanos que le enseñaran a Manuela lo aprendido en la escuela debido a las restricciones y dificultades para que las mujeres asistieran a los centros educativos. Gracias a sus hermanos Manuela acumuló importantes conocimientos.

Manuela fue hermana del célebre médico y filósofo ilustrado Eugenio de la Santa Cruz y Espejo, considerado también prócer de la independencia de Ecuador, con quien compartió un notable gusto por la medicina y las ciencias. Su formación se reforzó gracias al científico Lorenzo Heinster, que le heredó veintiséis volúmenes sobre temas médicos. La joven acostumbraba a leer por largas horas en la pequeña biblioteca de su casa. Cuando tenía 44 años casó con el joven jurisconsulto José Mejía Lequerica quien tenía 21 años, la boda se celebró en la iglesia de El Sagrario, siendo los padrinos Juan de Dios Morales y su esposa, María Oleas.

Una de las motivaciones de este matrimonio fue su pasión por el pensamiento ilustrado y los temas científicos que el matrimonio tenía en común, pero la felicidad terminó cuando Mejía se trasladó como diputado a las Cortes de Cádiz y nunca más volvió a buscar a su esposa, luego José Maria comenzó una relación con la joven andaluza Gertrudis Sanalova y Benito, a quien dejó como su heredera al morir. Debido al abandono, Manuela pasó a vivir con la familia de Juan de Dios Morales, futuro prócer independentista. Esta situación sirvió para lo que en un futuro sería el camino de Manuela.

Con los conocimientos adquiridos luego de graduarse como medicina en la Universidad de Quito, Manuela acompañó a su hermano Eugenio en calidad de enfermera durante las visitas médicas que éste realizaba. En el momento en que Quito y otras ciudades fueron azotadas por la fiebre amarilla en 1785, Manuela aportó incansablemente en el tratamiento de esta problemática. Por esta situación ha sido considerada la precursora de la enfermería en el territorio ecuatoriano. Otro de los motivos por los cuales fue muy admirada: su gran bondad y entrega a los enfermos.

Colaboró en el diario Primicias de la Cultura de Quito pero tuvo que hacerlo bajo el seudónimo de “Erophilia”, debido a las fuertes restricciones que no permitían que las mujeres realizaran publicaciones. Manuela aprovechó para defender a sus hermanos perseguidos por las autoridades españolas y publicaba manifiestos en los que mostraba su postura y compromiso con la lucha de la mujer en búsqueda de un trato equitativo, también alzó su voz en favor de los más desposeídos. Manuela es considerada la primera mujer periodista del Ecuador y pionera de los movimientos feministas y sociales en el país.

La mujer participó en como miembro en el círculo independentista que se creó alrededor de sus hermanos Eugenio y Juan Pablo, aporto activamente de las reuniones y su figura discreta le sirvió para ser un puente entre los conspiradores. Se mostró valiente cuando tuvo que defender a sus hermanos cuando fueron perseguidos, pagando abogados y acompañándolos en los encierros. Realmente la labor de sus hermanos por la independencia de la patria no hubiera podido concretarse sin la ayuda de esta ilustre mujer.

Manuela Espejo logró antes de su muerte en la ciudad de Quito en el año 1829, a la edad de 76 años, ver el sueño de la Independencia convertido en realidad, ver todo su trabajo y entrega por una causa concretada. Toda su labor le ganó la admiración de la población ecuatoriana y también un importante puesto en la historia nacional y de la independencia de Ecuador. Es considerada una de las pensadoras más importantes del continente americano y pionera en el campo del feminismo, su carácter fuerte le ayudaron a sobrellevar las cargas del patriarcado, logrando salirse de cierto modo de los códigos morales impuestos a las mujeres de la época.

En muchas ocasiones la figura de Manuela fue reconocida a través de la figura de su hermano Eugenio Espejo. Realmente, no se le ha dado el valor que se merece y usualmente muchos historiadores la ubican detrás de Eugenio Espejo. Definitivamente, en sus escritos demuestra la exaltación de Quito, especialmente en el campo cultural; en donde realizaba una gran valoración de los artesanos, pensadores, escritores, políticos y artistas. También cuestionó el sistema colonial español presente en toda América latina.

A pesar de que Manuela de la Santa Cruz y Espejo escribió bajo un seudónimo es considerada la primera mujer periodista de Quito. Se caracterizó por la defensa de sus ideales, donde exigía mayor participación de la mujer en la educación universitaria, en las manifestaciones culturales y políticas. Su gran habilidad para argumentar fue un aporte importante en el avance de las ideas liberales de Ecuador.

FUENTE: https://historia-biografia.com/manuela-de-la-santa-cruz-y-espejo/

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Posted in Cocina Quiteña, Novedades, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 6 marzo 2019, by , 0 Comments

(Olmedo, 1909 – 2009) Activista ecuatoriana, destacada líder del movimiento indígena que se desarrolló en Ecuador entre las décadas de 1920 y 1970.

La infancia de Tránsito Amaguaña, hija de los indígenas huasipungueros Venancio Amaguaña y Mercedes Alba, transcurrió en una hacienda de Cayambe, en una época de intensa conflictividad social. La madre de Tránsito se destacó por ser una de las cabezas visibles del movimiento indígena, camino que más tarde seguiría su hija.

Tránsito Amaguaña sólo asistió seis meses a la escuela, durante los cuales aprendió los rudimentos de la lectura y la escritura antes de empezar a trabajar como sirvienta para los dueños de la hacienda. Cuando cumplió los catorce años de edad, contrajo matrimonio; tuvo cuatro hijos varones y comenzó a asistir a reuniones en Quito para defender la causa indígena. Ante la oposición de su esposo a su actividad política, se separó y pasó a vivir con su madre.

En 1936, los indígenas lograron que el Código de trabajo, al igual que la Ley de comunas de 1937, reuniera por primera vez, y bajo el amparo de los sindicatos, una serie de normas para reglamentar el trabajo agrícola, las relaciones entre peones y patrones y la defensa de las tierras comunales. Este logro permitió que se prestara más atención a la causa indígena y a sus organizaciones.

En sus muchos viajes a Quito, Tránsito Amaguaña entabló amistad con Dolores Cacuango, y ambas, a partir de 1946, organizaron las escuelas bilingües indígenas, con el apoyo de la dirigente política y maestra Luisa Gómez de la Torre, quien las administraba secretamente, puesto que no eran reconocidas por el gobierno de la época. El propósito de Gómez de la Torre era que los propios indígenas fueran los que dirigieran las escuelas, como efectivamente hicieron.

En 1944, el movimiento indígena respaldó a José María Velasco Ibarra, quien, ya en la presidencia, reconoció oficialmente las organizaciones indígenas campesinas, como la Federación de Indígenas del Ecuador. En 1954, Tránsito Amaguaña apoyó la organización de los campesinos de la costa, que fundaron la Federación Ecuatoriana de Trabajadores Agrícolas del Litoral.

Su capacidad de liderazgo la llevó en 1962 a representar a los indígenas del Ecuador en la Unión Soviética y en Cuba. A su regreso fue arrestada bajo la acusación de haber traído armas soviéticas y dinero. Después de ser liberada, fue llevada al Ministerio de Gobierno para firmar un documento en el que se comprometía a abandonar su activismo; ella rechazó la proposición y continuó consagrando todas sus fuerzas a hacer realidad las reivindicaciones de los indígenas.

Tras la intensa lucha de Tránsito Amaguaña y de los indígenas de Cayambe, la Ley de reforma agraria dictada por la junta militar que derrocó a Velasco Ibarra permitió a aquéllos recuperar haciendas de manos de la Asistencia Pública. Ganadora del Premio Manuela Espejo de Quito en 1997 y del Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en 2003, su vida constituye un testimonio ejemplar de la labor de los movimientos indígenas campesinos en el Ecuador.

FUENTE: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/amaguana.htm

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Posted in Cocina Quiteña, Comida Quiteña, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 11 julio 2018, by , 0 Comments

Posiblemente, se encuentre en Asturias puesto que desde hace siglos, siempre que se citaba el arroz, estaba directamente relacionado con la leche. Al igual que otros muchos platos tradicionales, surgió como respuesta creativa para aprovechar las sobras de otros alimentos. Y es que, es uno de los postres más fáciles de realizar ya que se cuece el arroz en leche, azúcar y canela.

Cuando todavía no se había inventado el azúcar, la receta se realizaba con miel. Con el paso de los años, ésta sería sustituida por el azúcar de caña a finales del siglo XIX. No sería hasta el siglo XX cuando aparecería en los hogares y en las casas de comida el azúcar blanco, que se usaría para realizar la receta tal y como conocemos hoy en día.

 

FUENTE: https://www.casaalberto.es/blog/213-el-origen-del-arroz-con-leche.html

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Posted in Cocina Quiteña, Novedades, Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 12 junio 2018, by , 0 Comments

El Centro Histórico es un amplio sector de la ciudad que fue levantado sobre las cenizas de la que fuera la capital de la mitad norte del Imperio Inca hasta que el General Rumiñahui la quemara hasta sus cimientos antes que entregarla a los conquistadores españoles.

Quito fue la primera ciudad en el mundo en ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por las Naciones Unidas en el año 1978. Su Centro Histórico tiene la magia de transportar a quienes lo visitan a épocas pasadas, mientras se camina por sus calles adoquinadas y por sus aceras empedradas. A inicios del Siglo xx, la ciudad apenas se localizaba al interior de las fronteras del Centro Histórico. Actualmente, este sector constituye apenas una ínfima parte de lo que es toda la ciudad, pero es, sin lugar a dudas, el sector más rico desde el punto de vista histórico y cultural. Algunas de las más famosas batallas independentistas y ejecuciones tuvieron lugar en las mismas plazas en las que hoy día deambulan turistas, transeúntes, vendedores y mendigos.

Hospedarse en alguno de los hoteles en el Centro de Quito actualmente se ha vuelto muy popular pues tanto sus históricos hoteles boutique como la mejora en la seguridad de esta parte de la ciudad, atraen cada vez a más turistas, lo mismo a quienes viajan con presupuesto limitado que a quienes tienen recursos para procurarse alojamientos de lujo.

Varios de los mejores bares y restaurantes de Quito están en el Centro Histórico. Escápese de los tours guiados y pase un poco de tiempo en las plazas y calles adyacentes a las principales, que muestran una exquisita arquitectura colonial y pasajes que conducen hacia adorables patios interiores coloniales.

 

FUENTE: http://www.ecuadorexplorer.com/es/html/centro-historico.html

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Posted in Quito Colonial, Restaurante, Turismo, on 27 abril 2018, by , 0 Comments

Ser preparados de forma artesanal y tener la capacidad de llevar a un viaje por el tiempo a sus comensales son las características principales que ofrecen los dulces tradicionales de Quito. El miedo a los efectos del azúcar desaparece cuando se trata de alguno de estos pequeños bocadillos. El aroma dulce de estas golosinas se puede percibir a varios metros de distancia de donde los preparan y qué mejor lugar para encontrarlos que el Centro Histórico. En la calle Bolívar, desde 1915, se elabora uno de los dulces más famosos y representativos de los quiteños: las colaciones. Se trata de pequeñas bolas blancas hechas con azúcar, agua, limón y algún fruto seco como maní, almendras o nueces. La paila, que ya tiene algunos huecos diminutos, la han usado 3 generaciones. Desde hace 30 años, este negocio familiar está a cargo de Luis Banda, de 57 años. El hombre mece la paila, que está colgada desde un refuerzo de madera, con sogas gruesas, durante tres horas hasta que las pequeñas bolas de dulce se formen. Bajo la paila hay carbón encendido y junto a ella está una olla que mantiene caliente la miel. Para el hábil cocinero, la paila es la historia viva de Quito, es la misma con la que empezó el negocio su abuela, Hortensia Espinosa. Banda menciona que “una colación hecha por mi abuela, por mi padre o por mí sabe igual; una colación de hace 100 años es la misma que la de hoy; no ha cambiado absolutamente nada de la receta ni del modo de prepararla. De ahí que los adultos mayores son los principales seguidores de estas pequeñas bolas de azúcar, pues llegan a su memoria aquellos recuerdos dulces”. Él cuenta que sus clientes chupan una colación y siempre dicen que es idéntica a la que comían cuando tenían 5 años. “Eso es lo bonito de este negocio”, comenta Banda, un ingeniero en Finanzas que dejó su profesión para conservar este legado familiar que se ha convertido en una herencia histórica de la capital. Antiguamente, el local estaba ubicado en la calle Bolívar e Imbabura, en la cruz verde, de ahí el nombre del negocio: Las colaciones de la cruz verde. Las colaciones son una tradición que lleva más de 100 años en la capital. Para prepararlas se necesita azúcar, agua, limón, esencias y el fruto seco de su preferencia. Todos los días, desde las 08:00, en la plaza de la iglesia San Francisco, se vende otro de los manjares de la capital: el helado de paila. Luis Antonio Guayta, de 65 años, los vende estos en ese lugar desde que era pequeño, cuando ayudaba a su padre, el fundador del Sindicato de Heladeros de Quito, creado en 1940. La preparación de este manjar inicia a las 05:00, con la pela de la guanábana, se la licúa con claras de huevos y se la congela. Para que tenga ese sabor único es necesario mezclar algunos ingredientes que Guayta dice que son un secreto. Los helados de paila son una tradición que ha vivido transformaciones a lo largo del tiempo. Antiguamente se los preparaba de tomate de árbol, mora y naranjilla. Tan solo hace algunos años se empezó a preparar los famosos helados de guanábana. A Guayta la clientela no le falta. Varios transeúntes se detienen para refrescarse con sus helados congelados con hielo seco; a algunos conductores no les importa el tráfico de la calle Bolívar o que el semáforo esté en verde, conducen más lento hasta que Guayta les pase un helado. Un caramelo que se explota con el roce de la lengua es otro dulce tradicional de Quito. Se trata de la mistela, un dulce que parece un cristal relleno de licor. Antiguamente el relleno era de jugo de frutas, pero hoy se lo hace con ron, whisky, pájaro azul, mojito de maracuyá o Jägermeister (un licor de hierbas). Las mistelas se preparan con azúcar caramelizada que se deja reposar sobre unas bandejas de harina de arroz, antes de que endurezca el caramelo, se lo rellena. Es un trabajo laborioso y delicado que tarda entre 3 y 4 días. Rocío Jaramillo, representante de la marca La Reinita, que elabora mistelas y otros dulces, dice que “escuchar los recuerdos de los mayores cuando prueban los dulces es muy gratificante, es regresar a los tiempos de antaño”. La ‘caca de perro’, que es el tostado endulzado, y el maní confitado son otros dulces de la capital. Estas golosinas se venden en el local El Kukurucho del maní, situado hace 16 años en la calle Rocafuerte y García Moreno. Según su propietario, John Ríos, este fue el primer local en el Centro Histórico en ofrecer estos dulces. Ríos argumenta que la clientela se acerca entusiasmada por probar los dulces tradicionales que comía varias décadas atrás. (I) El tostado endulzado, más conocido como ‘caca de perro’, también es una golosina tradicional de Quito. Se lo prepara con raspadura y un poco de vainilla.

Fuente: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/702/51/los-recuerdos-el-eje-del-sabor-de-los-dulces-quitenos

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Posted in Cocina Quiteña, Comida Quiteña, Restaurante, Turismo, on 4 abril 2018, by , 0 Comments

Una paila de bronce gira. Contiene jugo de frutas, hielo y sal en grano. He ahí la clave para preparar el tradicional helado de paila. En Quito existen varios lugares en donde degustar este postre, desde el norte hasta el sur, cada uno con su particularidad. En el norte de la ciudad, a 100 metros del Colegio Francés, se encuentran los Helados de paila Pomasqui. El local ofrece más de 80 sabores. 11 tradicionales como mora y guanábana; 10 de temporada como borojó y arazá. Además, más de 60 gourmet que se realizan bajo pedido y abarcan una gama amplia de sabores inusuales como chicha de jora, perejil o champagne con rosas. “Se puede hacer helado de todo lo que se pueda comer”, dice Cristina Cabezas, hija de José, dueño del local. José comenta que aprendió a elaborar este postre con su esposa Miriam Álvarez y su suegra Olga Echeverría, bisnieta de Rosalía Suárez. Echeverría fue, según cuentan, la primera en introducir esta tradición a Quito.

Cabezas elabora este postre por más de 25 años en Pomasqui, luego de que en 1990 un terremoto de 4.9 grados sacudió la zona. “Somos artesanos”, dice el heladero. Se trata de un oficio transmitido a sus hijos, quienes ya tienen otros dos locales: uno en la Isla Genovesa (norte de Quito) y otro en Nayón (nororiente). Actualmente, realiza los trámites respectivos para exportar sus productos. El recorrido continúa, y el nombre Rosalía Suárez vuelve a sonar. Ernesto Álvarez, es la sexta generación que mantiene la tradición.

«Mi ‘chusabuela’ puso un recipiente con jugo sobre el granizo y se hizo helado. Poco a poco la técnica se perfeccionó, hasta conseguir este postre», narra. El local del ‘chusnieto’ está ubicado en la Real Audiencia y Cristóbal Tuquiri. Se llama Los legítimos helados de paila ‘Herencia Ibarreña’. Álvarez aprendió el oficio de su abuelo homónimo, quien tiene un local en La Concepción, uno de los más populares de la ciudad, con más de 30 años. Según él, lo que marca la diferencia en su receta es el cariño que le pone desde la elección de la fruta en el mercado de San Roque.

Pero si se habla de helados con enfoque internacional hay que nombrar a  Helados de paila La Quinta, ubicados dentro del Mercado Artesanal, en el centro norte de la capital.  El centro de artesanías tiene un constante flujo de turistas internacionales. Francisco Tamayo, quien atiende en el puesto de helados, cuenta que su primo Miguel Caicedo lleva 13 años en el local. Ellos aprendieron la tradición en Ambato. Han participado con sus postres en ferias nacionales como la de Durán pero, actualmente, se preparan para llevar su producto al exterior. Sergio Garzón, dueño del local Helados Los Alpes, en la calle Chilibulo, al sur de Quito, permanece en el sector desde hace más de 27 años. Comenta que el objetivo de usar sal en grano es bajar la temperatura del hielo, gracias al sodio.

Él se demora 30 minutos en preparar seis litros de helado. “Estos helados nunca fueron hechos en paila” dice Alegría Salazar, quien lleva más de 50 años a la cabeza de los Helados Amazonas, ubicados en el camino viejo a Cumbayá. Aunque muchas personas los conozcan como ‘de paila’, se preparan en máquinas de hierro. Para ella, lo que marca la diferencia es conocer las frutas. “Hay tres clases de guanábanas y cinco clases de mora”, explica Alegría con una sonrisa, pero no todas sirven para los helados. En el local se llegan a ofrecer hasta 40 sabores.

De granadilla, higos, piña con naranja, limón, los hay de cualquier fruta y son un postre refrescante y natural. Además de los locales, decenas de artesanos deambulan por la ciudad con un carrito dotado de una paila el hielo y la fruta. Generalmente recorren el Centro Histórico. Sin embargo, no faltan los que visitan las inmediaciones de los centros educativos y parques.

Fuentehttp://www.elcomercio.com/tendencias/heladospaila-sabores-quito-fruta-postres.html. 

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Posted in Quito Colonial, Turismo, on 20 marzo 2018, by , 0 Comments

La central calle García Moreno en un tramo de apenas un kilómetro y medio encierra una evolución historica muy rica. Según algunos historiandores durante la época del incario, esta senda tenía un carácter religioso, por lo que los españoles la calificaron de pagana, y a manera de “plegaria reconciliadora” con Dios sembraron la primera cruzen 1714, en la esquina de las calles Loja y García Moreno junto al actual Hospicio de San Lázaro. Con la llegada de las órdenes religiosas al Ecuador y la instalación de conventos y sus respectivas iglesias, se inicia la instalación de cruces a lo largo de esta calle. Así fue como quedó levantada la segunda cruz en la Iglesia del Carmen Antiguo de San José o carmen Alto del siglo XVIILa tercera cruzcorrespondió a la Iglesia de la Compañía de JesúsLa cuarta fue construida por la Capilla del SagrarioLa quinta corresponde a la Catedral Metropolitanala sexta, por la Iglesia y monasterio de “La Concepción” del siglo XVI y la séptima por la Iglesia de Santa Bárbara. De estas siete cruces las que sobreviven, son las cruces de las iglesias de la Compañía de Jesús y de la Catedral.

Para la persona que desee conocer el casco colonial de la cuidad de Quito, podría considerar esta caminata, ya que al concluir este recorrido, habría conocido mucha riqueza histórica, arquitectónica y cultural de la Capital del Ecuador y su centro histórico.

Disfrute de la visita.

Fuente: http://quitoecuador.net/quito/turismo/la-calle-de-las-7-cruces/

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